Reclamar con firmeza democracia para Venezuela, por Federico Prieto

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La confirmada asistencia del presidente venezolano  Nicolás Maduro a la VII Cumbre de las Américas en Lima, hecha por el militante chavista Jorge Arreaza mediante sus redes sociales el miércoles 7 de febrero, contrasta con el silencio de la diplomacia de los Estados Unidos, que no ha confirmado la presencia del presidente Donald Trump, tanto más cuanto que su secretario Rex Tillerson habló el martes 6 de febrero con el presidente Pedro Pablo Kuczynski en palacio de gobierno, lo que hace temer de que no quiere enfrentarse con su par venezolano en esta ocasión. Ojalá me equivoque.

Cuatro partidos se han opuesto en el Congreso a la venida de Maduro: Peruanos por el Kambio, que es el partido del gobierno, el APRA y Acción Popular, que actualmente ocupan el centro político, y el Frente Popular, de Keiko Fujimori, que representa la oposición más importante a este gobierno. En el mismo sentido, un grupo de venezolanos residentes en Lima han anunciado una marcha contra Maduro. Esta marcha tiene importancia, en la medida que son cien mil los venezolanos que han encontrado refugio en el Perú.

Maduro es un presidente que ha perdido la confianza de su pueblo, por su sentido mesiánico, su desastre económico, su codicia de poder y su línea impresentable de doctrina política. Le apoya una porción del pueblo que recibe subsidios del gobierno y la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas, de la que se dice que tiene un trato privilegiado desde el punto de vista económico por parte del Estado. Todos por interés subalterno.

Así como Ollanta Humala tuvo un comportamiento indeciso y titubeante con Nicolás Maduro, cuando vino a Lima en la sesión extraordinaria de UNASUR de abril de 2015, precisamente para ver el caso de Venezuela, Pedro Pablo Kuczynski va a tener que ser consecuente con la firme posición suya mantenida desde el principio de su mandato y por su partido en el parlamento, frente a la dictadura venezolana.

De nada deberán servir las promesas de Maduro, dada la falta de credibilidad que padece. La actitud del presidente peruano deberá ser exigente. Y la Cumbre de las Américas, con Donald Trump o sin él, debe marcar una defensa de la democracia que sirva para desestabilizar la dictadura venezolana.

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