¿Reconciliación? ¿A qué costo?, por Raúl Bravo Sender

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En 2017, el estudiante de ciencia política recibió el mejor regalo de navidad y de año nuevo que la clase política le pudo haber obsequiado: ser testigo del uso, abuso y ejercicio del poder a su máximo nivel por parte de los actores políticos de los tres poderes del Estado.

En política no existen las coincidencias. Especular a estas alturas sobre si hubo o no negociación bajo la mesa entre el gobierno y los “Avengers” de Kenji –o marionetas de AFF- sobre un canje en otorgar el indulto al condenado AFF a cambio de abstenerse en la votación del pleno sobre la vacancia presidencial, mientras “Tito” Borea le daba cátedra a una desubicada representación nacional defendiendo a su patrocinado, no tiene sentido.

La izquierda y todas sus variables, duros y férreos enemigos del fujimorismo, quedaron como los tontos útiles al promover una vacancia presidencial que finalmente le dio la oportunidad al “albertismo” en manejar la situación para sacar provecho. En política, a las finales nadie sabe para quién trabaja. Lo cierto es que PPK pasará a la historia como el Presidente que, por salvarse el pellejo, indultó al dictador de un gobierno corrupto que vulneró derechos humanos.

Lo sorprendente de todo es que ya en libertad, AFF haciendo uso del twitter expresó textualmente que: “En las primeras horas de esta nueva etapa de mi vida, varios sueños me invaden constantemente y quisiera compartirlos. Anhelo un Perú sin rencores, con todos trabajando por un objetivo superior”. Y dos días después del indulto expresaba su profunda gratitud a PPK que lo comprometía “(…) a apoyar decididamente su llamado a la reconciliación”. ¿Acaso no podía tener ese mismo entusiasmo pagando en prisión por los delitos cometidos? ¿O es que la predisposición en sumar con el gobierno estaba condicionada a que le otorgara el indulto?

Si en el Perú se otorgaran premios Nobel por la paz, PPK ya hizo los suficientes méritos para hacerse de un reconocimiento similar. No puede haber reconciliación ni paz si es que quienes tienen cuentas pendientes con la justicia no pagan por ello. Este indulto –al igual que los acuerdos entre el gobierno colombiano de Santos y las FARC de hace un par de años- nos deja una sensación de impunidad. Y si con ello PPK quería lograr la unidad nacional, en realidad ha terminado profundizando las heridas y dividiendo aún más a los peruanos.

Me quitaba el sombrero si PPK realmente asumía su responsabilidad y se presentaba ante el Parlamento y la opinión pública diciendo: “me someto a todas las investigaciones en todos los escenarios y a todo nivel; sin embargo, mientras no haya sentencia que determine mi responsabilidad penal, gozo de la presunción de inocencia; por lo que solicito al Congreso de marcha atrás en este proceso de vacancia. De no ser así, asumirán mis Vice Presidentes, quienes no se deben a mí sino a la Constitución y la línea de sucesión”. Y también si AFF twitteaba: “aquí estoy, desde la prisión, por un país sin rencores, pagando por mis deudas con la sociedad peruana, y no mendigando ni utilizando a Kenji y sus acólitos por un indulto a escondidas”. Sin embargo, a PPK le ganó el estilo mercantilista y terminó traicionando a quienes lo llevaron a Palacio mientras pactaba a sus espaldas con la dictadura.

Lo cierto es que AFF está en libertad. Y si éste realmente quiere ganarse a la sociedad, ¿a quién se le ocurrió trasladarlo a una lujosa y cómoda vivienda en La Planicie? La política también se trata de gestos. ¿Dónde quedaron el perdón y el arrepentimiento?

Si realmente quieren hacer del 2018 el año del diálogo y la reconciliación nacional, no obstaculicen la gestión del gobierno, no utilicen a la Comisión Lava Jato como un instrumento de chantaje sin dejar de fiscalizar, que PPK colabore con la justicia, que ésta mida a todos con la misma vara, y “respeten a Carhuancho”.

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