Reflexiones sobre Qali Warma

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Mucho se ha escuchado sobre las intoxicaciones de niños usuarios del Programa Nacional de Alimentación Escolar Qali Warma a nivel nacional. Dada la recurrencia de estos casos, se ha propuesto eliminar el programa o incluso volver al PRONAA. Sin embargo, antes de pensar en decisiones de esta índole, es importante preguntarse cuáles son realmente las principales debilidades del programa y sus oportunidades de mejora. El objetivo de este artículo es que, antes de promover el popular “borrón y cuenta nueva”, sea posible buscar las claves del cambio que pueden fortalecer a Qali Warma y beneficiar a miles de niños.

En general, pensamos que es posible diferenciar los grandes y conocidos problemas de Qali Warma según oferta y demanda. Por el lado de la oferta, se cuenta con múltiples proveedores locales pequeños, convocados y seleccionados por comités de compra (que representan a grupos de provincias). Los proveedores locales no cuentan muchas veces con la capacidad de llegar a las zonas más alejadas, pudiendo dejar zonas vulnerables desatendidas. La multiplicidad de proveedores implica también una multiplicidad de contratos; esto es, altos costos de transacción que ponen en riesgo la capacidad del programa para cumplir con los pagos y generan dificultades en los proveedores pequeños, que pueden perder acceso a crédito y ser incapaces de seguir cumpliendo con brindar el servicio alimentario.

Por el lado de la demanda, el programa no internaliza costos que son generados a los padres de familia, como el costo de contrato de una cocinera o el costo de preparar los alimentos por su cuenta. Al no tener previsto quién se encargará de la preparación de alimentos, estos corren mayor riesgo de ser manipulados y contaminados; por ejemplo, ser llevados por los padres de familia fuera del colegio para ser preparados. Adicionalmente, según el Reglamento de Vigilancia y Control Sanitario de Alimentos y Bebidas, las instituciones educativas (IIEE) deben cumplir con requisitos mínimos de infraestructura y equipamiento para manipular alimentos. El programa debió prever una fuerte coordinación con el Ministerio de Educación (Minedu) para implementar proyectos de infraestructura y equipamiento necesarios para proveer un servicio de calidad en las instituciones educativas. Si bien se entiende que no está en manos del programa que el Minedu logre asegurar esta infraestructura y equipamiento, no poner un esfuerzo en este aspecto genera fuertes riesgos de manipulación inadecuada y contaminación de los alimentos.

A pesar de estos problemas, consideramos que Qali Warma es un buen programa en su esencia, pero que se dejaron de lado aspectos importantes en su diseño e implementación. Dentro de Qali Warma vemos representados varios de los grandes problemas del funcionamiento general del Estado peruano: limitada articulación interinstitucional, atomización de las compras, limitadas capacidades en los actores clave a lo largo de la cadena de valor de sus procesos, falta de claridad en el objetivo final del programa, entre otros. Pensamos que un aspecto clave, aunque “políticamente incorrecto”, es la necesidad de sincerar el objetivo de Qali Warma; si bien no es expreso como objetivo del programa, la compra descentralizada a pequeños proveedores locales es la regla. Hay una suerte de motivación oculta respecto a la promoción de economías locales, que busca brindar trabajo a la gente de la zona. Esto en principio no es negativo; consideramos que la descentralización de un servicio puede ser positiva pero exige mayores controles en todos los puntos de la cadena de valor y de una gran articulación que el programa no parece poder ofrecer. Si el verdadero cliente es el niño, el programa debe buscar la forma más costo-efectiva de brindarle un servicio alimentario de calidad; es decir, un servicio que logre llegar a más colegios, con alimentos de calidad, en el tiempo establecido y a un costo razonable. Pensamos que se están desaprovechando economías de escala al descentralizar la compra y elegir pequeños productores locales; sería ideal contar con proveedores de mayor envergadura que atiendan “paquetes territoriales” y se lleven “carne con hueso”, asegurando la atención de zonas alejadas. Adicionalmente, es clave fortalecer la articulación interinstitucional y las capacidades del programa para mitigar los riesgos relacionados con la falta de control en el manejo de los alimentos dentro de las instituciones educativas.

Tratemos de buscar oportunidades de mejora al programa en lugar de mantener una cultura de “borrón y cuenta nueva”; un nuevo programa o un retorno al anterior no aseguran de ninguna manera que los problemas expuestos líneas arriba sean resueltos.