Reforma del SIS y la eficacia y seguridad de medicamentos, por Diego Cánovas

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En el marco de la destitución del ex asesor presidencial Carlos Moreno por un supuesto convenio entre el Seguro Integral de Salud (SIS) y el Arzobispado de Lima para beneficio propio, se hace evidente la necesidad de establecer nuevos mecanismos de control que aseguren una gestión transparente y verdaderamente orientada al beneficio de los pacientes.

Recientemente, poco más de una semana luego que se declarara en emergencia al sector salud, la Ministra Patricia García ratificó que habrá una “reingeniería”, a la vez que revelaba que la Oficina de Control Interno del Ministerio se encontraba saturada, por lo que era necesario el involucramiento de la Contraloría.

Si bien estos frentes de trabajo son fundamentales y prioritarios, es necesario también destacar la necesidad que dicha auditoría se extienda a otros aspectos que constituyen piezas fundamentales en la cadena de valor de los servicios de salud, tal como los requisitos en materia de efectividad y seguridad que deben cumplir los medicamentos que finalmente serán vendidos a través de los hospitales públicos.

“Es un avance importantísimo que la administración de la salud pública sea ordenada y eficiente pero para lograr estos objetivos debemos considerar que las recetas de los pacientes sean atendidas con medicamentos que garanticen su seguridad y eficacia a través de estudios clínicos serios y necesarios.” Aseguró Antonio Luján, Gerente General del laboratorio Galenicum.

La gran mayoría de los medicamentos a los que los consumidores acceden no han sido sometidos a ningún estudio clínico por lo que su seguridad y eficacia no está garantizada, así el producto tenga marca y sea costoso.

En la mayoría de países del primer mundo, como EEUU, España, Japón, estos estudios son requisito indispensable para la aprobación de un medicamento copia o genérico, de lo contrario no puede ser comercializado. En Chile la implementación de este requisito ya se encuentra en proceso.

Según el ejecutivo, no es suficiente que los laboratorios garanticen las buenas prácticas en el proceso de fabricación de los medicamentos, sino que es fundamental que se demuestre también que el producto final es eficaz para curar cierta enfermedad.

“Existen los medicamentos originales, que han sido desarrollados por un laboratorio farmacéutico y quienes son dueños de su patente. Al cabo de aproximadamente 20 años, dicha patente vence y cualquier otro laboratorio puede tomar la fórmula del medicamento original y empezar a fabricarlo. Sin embargo, no basta con que éstas copias se fabriquen siguiendo buenas prácticas de manufactura y almacenamiento. Es necesario que haya una prueba clínica que verdaderamente garantice que la copia es igual de efectiva que el medicamento original. Éstas pruebas se llaman estudios de bioequivalencia” comentó el ejecutivo.

Los estudios de bioequivalencia tienen como finalidad comparar la velocidad y cantidad con la que un medicamento es absorbido en la sangre. Si estas variables son estadísticamente iguales que los fármacos originales, los medicamentos serán equivalentes terapéuticos y, por lo tanto, tendrán el mismo perfil de seguridad y eficacia que el original. Adicionalmente son mucho más económicos.

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