Reformismo a la Italiana

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El sábado pasado luego de tensas horas en el parlamento italiano se confirmó la elección de Sergio Mattarella un político de trayectoria, exministro de educación de la antigua Democracia Cristiana bajo Giulio Andreotti y fundador del partido gobernante, Partido Demócrata. Su elección fue definida por el apoyo absoluto del partido gobernante, que reafirma su control sobre el poder político y asegura así, de manera simbólica, la fuerza política para continuar con las reformas institucionales planteadas por Matteo Renzi, actual Presidente del Consejo de Ministros y exalcalde de Florencia.

Si bien, los sindicatos han pegado el grito en el cielo por las reformas económicas emprendidas por el gobierno de centro-izquierda, a diferencia del resto de países en severa crisis, la resistencia no ha sido tan grave. Con un nuevo presidente que consolida a la fuerza política en el poder (en un país caracterizado por las jugarretas parlamentarias y los gobiernos truncos, no olvidemos a Letta) y con el éxito electoral en las elecciones municipales, todo parece indicar que pese a las cifras negativas del PBI, el pueblo italiano está dispuesto a darle una gran oportunidad a las reformas. Parece que no se asoma en el futuro cercano ningún Syriza ni Podemos.

¿De qué tratan las reformas propuestas? Renzi parece perfilarse como un heredero de Thatcher o en este caso de Blair. Su gobierno, que no surgió de las urnas, sino de la negociación política, ha emprendido una titánica lucha contra la izquierda tradicional (esa que representan Podemos y Syriza) y contra los sindicatos. Con ese fin el gobierno quiere relativizar la consabida estabilidad laboral, una de las longevas supervivientes del régimen mussoliniano, a través del otorgamiento progresivo de la seguridad laboral, pero permita a los jóvenes que hoy sólo mantienen contratos temporales puedan aspirar a trabajos más estables en el futuro. De lo que se trata es de derrotar a una de las “Castas” más fuertes de la sociedad italiana y de reformular la dinámica del mercado laboral.

Por otro lado, existe en ciernes una profunda reforma política, que ya pasó su primera votación con el apoyo de un enemigo acérrimo: Silvio Berlusconi. Ya decía Carlos IV de Francia que Paris vale una misa y Renzi lo sabe muy bien. Es claro que el sistema político italiano es una de los más burocráticos de Europa, desde el número de parlamentarios hasta los senadores designados por el presidente, no existe asunto que quede excluido. El gobierno reformista busca transformar Italia en una república eficiente y acabar con el famoso gioco italiano y la politiquería que usualmente ha adornado el debate.

En ese trayecto, los ciudadanos parecen apoyarlo, los resultados electorales también, pero lamentablemente para él, aun depende de coaliciones disimiles en las cámaras y hace unas horas el díscolo Berlusconi anunció que el Pacto Nazareno para aprobar las reformas se acabó. No obstante, es de comprobarse que hasta el momento se ha avanzado notablemente y que el gobierno parece tener la energía suficiente para atravesar este “pantano” como lo denominaron en The Economist. De lograrlo habrá conseguido lo que ningún Presidente del Consejo ha conseguido y en un tiempo record, lo que demuestra que las crisis, como dicen los chinos son también oportunidades.

Desde aquí consideramos relevantes los logros e importantes los desafíos para un gobierno que parece imparable (habida cuenta la corta duración de Bersani y Letta), pero más importante aún ha mantenido a Italia lejos del poder populista. Si bien hay un movimiento llamado Cinco Estrellas que ha logrado acumular cierto número de resultados electorales,  el éxito sucesivo del principal partido de centro izquierda muestra que las reformas son viables dentro del sistema y no es necesaria una revolución a la Podemos para acabar con las castas del momento. Sólo se necesita voluntad política y coraje, cosa que demuestra cuando dice: “He dicho que voy a cambiar Italia y la voy a cambiar. Con vuestra ayuda será más fácil”[1]. Así que, in bocca al luppo!


[1] http://internacional.elpais.com/internacional/2014/11/10/actualidad/1415651792_077550.html