Regla de vida: No esperes nada de nadie, por Scarlet Castro

«Aprender a no ser vulnerable ante la falta o el exceso de palabras de los demás es difícil, pero a largo plazo es una de las mejores decisiones, pues cuando las palabras ajenas faltan, no duele, y cuando sobran, se ignoran».

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Existen incertidumbres cotidianas que comienzan a condicionar nuestro estado de ánimo, nadie dijo que sería fácil aceptar que la vida es cambiante, que quien nos quiere hoy puede que no lo haga mañana, y es ahí donde recae la importancia de no esperar nada de nadie, una de las reglas más importantes para vivir en paz y dejar de correr entre expectativas.

Bien se dice que la única persona de la que debemos esperar todo, es uno mismo. Las más grandes decepciones yacen sus raíces en las expectativas que la mente comienza a generar sobre algo o alguien, desde lo más mínimo, el hecho de esperar que en nuestro cumpleaños nos salude hasta la persona menos esperada, como anhelar que en los momentos más duros nos sobren los abrazos reconfortantes.

Son incontables las veces que seguramente has sentido decepciones frente a la falta de reacciones ajenas, al esperarlo todo de alguien y terminar recibiendo lo mínimo o nada. Ya sea en relaciones sentimentales, familiares o en el proceso de iniciar algo nuevo o conocer a alguien. Regla de vida, no esperes nada de nadie. Cabe hacer énfasis en la importancia de diferenciar el esperar del desear, sin darle lugar a la obligación o limitación de la libertad de los demás en función a tus expectativas.

Ser buena persona y accionar de manera empática siempre será lo ideal, manteniendo la idea de que el universo va a devolverte lo mismo que ofreces, y ofrecerlo sin esperar nada de vuelta interesadamente. Sin embargo, los problemas comienzan cuando nuestro esfuerzo comienza a parecernos insuficiente ante la ausencia de repercusión de ese hecho en la vida de los demás. ¿Qué quiere decir esto? Digamos que consigues algo por lo que te has estado esforzando desde hace un tiempo, y cuando al fin lo tienes, pocos o nadie te felicitan, las horas del día se pasan rápido, esperando que alguien se alegre de la misma forma que tú; o pongámonos en la situación de que apoyaste a tu mejor amigo al terminar una larga relación, y estuviste para él en sus peores momentos, pero cuando la situación se invierte, él no está para ti, y de hecho, nadie lo está. Es natural sentir decepción, la sabiduría e inteligencia emocional se gana de esas mismas experiencias, de los momentos donde te das contra el gran muro de la realidad y te das cuenta de que al final del día, solo te tienes a ti mismo. Son algunos de los muchos ejemplos que las personas han sabido pasar, es importante recordar siempre que el riesgo de someternos a la tristeza y decepción está en la expectativa, en predecir acontecimientos futuros que comienzan a darse diferente a como los esperabas.

Espéralo todo de ti. Trabaja por cumplir tus metas y dar un prolongado suspiro al tachar uno de tus pendientes más grandes de tu lista, que tu espejo sea tu mejor refugio, al verte y felicitarte, al sentir satisfacción personal y saber que diste un paso más. Aprender a no ser vulnerable ante la falta o el exceso de palabras de los demás es difícil, pero a largo plazo es una de las mejores decisiones, pues cuando las palabras ajenas faltan, no duele, y cuando sobran, se ignoran.

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