Renovemos la política, por Edwar Diaz

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No hay democracia sin partidos políticos. Sin embargo, nuestra débil democracia ha sido resquebrajada en los últimos cien años por una serie de golpes de Estado que han instaurado dictaduras. La última fue la de Fujimori que empezó con el ‘autogolpe’ de 1992. Fujimori inició un gobierno orientado, por un lado, a obtener altos índices de popularidad a través del clientelismo político ganado con un sinfín de obras a cargo del entonces politizado Ministerio de la Presidencia, y del otro, a destruir a los partidos políticos históricos a los que tildó de ‘partidos tradicionales’.

La dictadura fujimorista ha heredado algunas características a nuestra actual realidad política: (i) la preminencia de las personas sobre los partidos políticos, pues la gente vota por personas y no por partidos; (ii) la existencia de muchas organizaciones que no son partidos políticos pero que debido a modificaciones legales tienen las mismas prerrogativas que aquellos; y (iii) la poca o nula participación de jóvenes en política.

Los partidos no pueden congelarse en el tiempo, mucho menos con la militancia que sobrevivió a la embestida fujimorista. Para mantenerse vigentes necesitan nutrirse de nuevos militantes, principalmente de jóvenes que aseguren la renovación natural de sus cuadros y que tengan el poder de convocar a más jóvenes. De forma paralela, es menester de los militantes antiguos mantener la ideología del partido, pero adaptándola, sin desnaturalizarla, a los cambios políticos y sociales del país.

Según estimaciones del INEI al año 2019, 11.6 millones de peruanos tiene entre 18 y 39 años, mientras que 10.5 millones de 40 a más años. No obstante, si observamos a los partidos políticos, esta equivalencia en números no se hace presente. Los partidos peruanos todavía tienen afiliados en su mayoría, a personas con más de 40 años. Sin perjuicio de ello, los jóvenes sí participan de la cosa pública: salieron a las calles en diversas marchas “contra la ley pulpín”, “no a Keiko”, etc, y muchos participan en organizaciones juveniles y en espacios como el Parlamento Joven.

Si los jóvenes participan en asuntos públicos ¿por qué no militan en un partido político? Las razones pueden ser varias: consideran que la ideología de ningún partido los representa, piensan que la política es solamente para personas corruptas, temen denuncias o represalias de terceros o consideran que los partidos se encuentran manejados por cúpulas que no dan cabida a una verdadera renovación en las instancias de gobierno interno y en candidaturas a cargos de elección popular.

Ante esta coyuntura, los partidos políticos afrontan grandes desafíos para posicionarse en la sociedad. Deben difundir su ideología a través de escuelas de formación política donde se debatan planteamientos para resolver los grandes problemas del país. La promoción de la política en las universidades a través de los comandos universitarios es otra de las formas de acercar a jóvenes a los partidos. Por último, deben promover la participación juvenil no solo en las decisiones transcendentales de la vida partidaria, sino fomentar su postulación a diferentes cargos públicos, como por ejemplo como Congresistas de la República o regidores.

La elección complementaria del Congreso de la República convocada es la oportunidad propicia para que los partidos muestren sus mejores cuadros juveniles. De esta forma no solo estarán fortaleciendo su militancia, sino también cumpliendo con el deseo general de la población que es renovar la política.

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