Richard, no te robes el show, por Eduardo Herrera

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Para conocer a una persona en su real dimensión, basta solo darle poder. Y claro, hablando de poder quien mejor que aquel que hizo “justicia popular” en una corte de la República. El llamado, aquel que recibió las llaves de la Justicia del mismo Jefe (y las llaves de la cana también).

Sucede que ayer, el juez Concepción Carhuancho ha rechazado el pedido de cesación de la prisión preventiva planteado en el no menos famoso “caso Graña”. En un pronunciamiento que, además, seguramente tendrá la suerte de gozar de la simpatía popular por ser el major ajusticiamiento al rico y poderoso don dinero. Por ello, muy seguramente lo dicho por mí en estas líneas pueda ser asimilado como una opinión antipática y políticamente incorrecta. No me interesa.

El argumento más notorio del Juez Concepción está en lo siguiente: si bien la resolución de la Sala que revoca la prisión podría fundamentarse como un nuevo elemento (no lo niega) y por lo tanto válido al momento de evaluar una cambio de la prisión por la libertad, él (Concepción Carhuancho) se permite «respetuosamente» discrepar de los fundamentos de la Sala (que ordena liberar a los otros procesados) alegando «independencia». Dicho sea de paso, lo que se señala para el caso de los Graña está apoyado en el viejo fundamento del Derecho que reza así: “a igual razón, igual derecho” (si los otros salieron por qué no salen los Graña si, esencialmente, tienen vasos comunicantes con la situación jurídica de sus co-procesados). Pero para el Juez Concepción esto no es suficiente, se permite discrepar (desafiar) diciendo más o menos lo siguiente: no me importa lo que hayas decidido (que además seas mi superior y por lo tanto me encuentro obligado a acatar tus decisiones), soy el poseedor de la Justicia terrenal -y posiblemente divina- yo no me equivoco y por eso, con todo respeto, me rebelo. Chau libertad.

Por eso señalé la frase del inicio. Y es que diera la impression que el Juez Concepción se ha mareado con los flashes y luces (muy probablemente hoy salga en una entrevista). Se ha puesto por encima de la norma y la ley, y de sus superiores. Él mismo es.

Lo señalado me lleva además a la firme convicción de que la reforma del sistema de Justicia no será posible si es que no vencemos este afán protagónico, casi narcisista de creerse dueño de la pelota. Se confunde entonces autonomía con autarquía. En el mismo discurso -y como lo he señalado anteriormente- nadie se atreve a reformar el sistema porque la mayoría de sus componentes se creen intocables (y no lo son).

En el camino de esto las injusticias siguen. El compromiso de un Juez marcha con la neutralidad, con la imparcialidad …ah y no se olviden también con la Justicia que debería ser ciega; no perdamos de vista esto, no se trata de un justiciero, se trata de un justo.

Pero claro en el mundo de la farándula judicial, en la necesidad de las entrevistas y las carátulas de periódicos, perder el poder es no existir. Richard no te robes el show, yo también quiero ser famoso como tú.

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