Salud por impuestos, por Alejandro Cavero Alva

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La crisis del Coronavirus está llevando a las sociedades a pensar en formas innovadoras de utilizar el máximo de sus capacidades para poder afrontar esta pandemia. El Perú no debería ser la excepción. De hecho, el Estado peruano ha lanzado uno de los programas más ambiciosos de reactivación económica, gracias a su gran fortaleza macroeconómica producto de 30 años de políticas de mercado y responsabilidad fiscal.

Por tanto, si hemos sido capaces de formular uno de los planes económicos más ambiciosos de la región, deberíamos estar haciendo lo mismo para potenciar nuestro sistema de salud. Se calcula que si el virus llegase a infectar a unas 50,000 personas (en un escenario optimista de contención del contagio), alrededor de 5,000 personas requerirían hospitalización. En un país con un sistema de salud tan pobre y frágil, esta cifra podría ser aterradora.

Un problema que venimos arrastrando desde hace mucho tiempo es que el Estado peruano se ha mostrado lento, inoperante y corrupto. Sin embargo, una de las razones por las que el plan de reactivación económica puede tener un éxito promisorio es que, en gran medida, su implementación estará en manos de los bancos privados, quienes serán los principales responsables de identificar a las empresas en riesgo y prestarles dinero (respaldado por el Banco Central) para garantizar la continuidad de los trabajos y de la cadena de pagos. Por tanto, siguiendo la misma lógica de asociación con el sector privado, no sería una mala idea aplicar un plan similar para el fortalecimiento de las capacidades hospitalarias.

Por ejemplo, en lugar de que sea el Estado el que construya hospitales, compre respiradores, camas y medicinas, debería crearse un mecanismo de “salud por impuestos” para permitir utilizar las capacidades de compra, gestión e infraestructura que tienen los privados a cambio de un futuro descuento en su impuesto a la renta. Mecanismos existentes como el de “Obras por Impuestos” se han mostrado muy exitosos en los últimos años, y se les debería dar un impulso en circunstancias de emergencia como las que atravesamos.

Una de las razones por las que la implementación del plan de Reconstrucción Con Cambios (el cual alcanzaba los 22 mil millones de soles) fue un desastre, se debió en parte a que confió demasiado en la capacidad del Estado para poder ejecutar las obras que debía.

El Estado no pudo, ni va a poder. En esta nueva emergencia nuestros políticos deben ser lo suficientemente inteligentes para ver que la verdadera reactivación no vendrá de la mano del Estado únicamente, sino que tiene que venir de la mano con el sector privado. Si esperamos que el Estado construya hospitales, compre respiradores, camas, y tanto que hace falta, este plan será igual de fracaso que la reconstrucción del norte.

 

En circunstancias como esta, donde el Estado lo que tiene son los recursos, la mejor manera de administrarlos es entregarlos a través de mecanismos más sencillos de gestión para poder utilizar una capacidad externa que sea más eficiente en la ejecución. Bajo esta lógica funcionó, por ejemplo, la organización de los Juegos Panamericanos. Y fue todo un éxito.

No obstante, el presidente Vizcarra ha decidido escoger como Ministro de Salud a un izquierdista con una visión omnipotente del Estado, quien, paradójicamente suele repetir lo grave de la situación hospitalaria sin anunciar nuevas medidas innovadoras para poder solucionar el atraso.

No nos quedemos sentados esperando un milagro. Utilicemos las verdaderas capacidades y potencialidades de nuestro país, abundantes en su gran mayoría en el sector privado, el cual ha sido el motor de desarrollo, crecimiento, innovación y progreso de los últimos años, para salir adelante de esta crisis. Si esperamos a que el Estado por si solo la resuelva en un país con un Estado inoperante, corrupto, lento y desarticulado (algo que, además, no va a cambiar en unas pocas semanas), puede ser que después ya sea demasiado tarde.

 

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