Sic transit…

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«Quiero tanto a mi partido y creo en sus valores y principios, creo que esto era lo que debía hacer, no había otra forma de lograr la unidad tan necesaria en la Democracia Cristiana». Era el año 2008 y con las citadas palabras Soledad Alvear renunciaba a la Presidencia del Partido Demócrata Cristiano de Chile y a cualquier aspiración de conducir los destinos de su país. El hecho político se dio luego de que la DC chilena tuviera un mal desempeño en las elecciones municipales en el 2008. De la misma forma, en el 2010 luego de ser derrotada en las elecciones municipales, Lourdes Flores Nano presenta su renuncia a la Presidencia del PPC, con el objetivo de darle al partido la oportunidad de evaluar los aciertos y reforzar el liderazgo.

Así a lo largo de la historia y del espectro político en múltiples ocasiones los presidentes o líderes de los partidos políticos asumen el pasivo de las derrotas electorales y renuncian al mandato que les fue otorgado para permitirle a la institución renovarse rápidamente y enfrentar los futuros retos electorales. Por lo menos así ocurre en los países donde las democracia se han asentado y los partidos han madurado.

La democracia bien entendida no se trata de establecer instituciones anquilosadas y rígidas. Si fuese así, todas estarían condenadas al fracaso. Por el contrario, la democracia es un habilitador o catalizador, si cabe el término, que permite un juego institucional dinámico de pesos y contrapesos. Esto se traduce también al interior de los partidos políticos, sobre los cuales esa democracia orgánica se fundamenta.

El partido por ende, no puede, ni debe ser una estructura cerrada y rígida, porque como dicen, sólo quien se adapta sobrevive. Y para adaptarse se necesita mucho cambio y mucha flexibilidad. Esa misma flexibilidad es la fuente de vida que motiva a treintañeros pedir la cabeza (con razón o sin ella) de los cuarentones o cincuentones. Porque al igual que en la naturaleza, los liderazgos no piden ni por favor ni permiso y siempre están al acecho para tomar su lugar. Así es en el reino animal y así es en la política.

Por esa razón, no deben sorprender a nadie los cuestionamientos lanzados contra el Presidente del PPC por el resultado electoral del domingo. Más allá de factores endógenos o exógenos, siendo la cabeza política es en buena cuenta el responsable político, como lo fueron en su momento Soledad Alvear y Lourdes Flores. Ahora bien, eso no significa que tenga que renunciar a su cargo, siguiendo los ejemplos citados, pero si legitima a todos los sectores disidentes en sus pedidos. Es absolutamente natural y negarlo significaría desconocer el desenvolvimiento saludable de un cuerpo vivo como el partido político. Lo que si sería triste es que seguida la derrota, los mejores cuadros del partido lo dejaran. De eso sí habría que lamentarnos, cosa que por el momento no ha pasado.

Entonces, lo que nos queda es seguir el juego político y pedirle a los que no lo entiendan o a los que por miedo comiencen a amenazar con expulsiones que se sienten en la banca, porque este es un juego de adultos, cuyo requisito es madurez política y democrática. Aquí nadie está obligado a bancarse liderazgos. Si hay que pedir cabezas, que se pidan.