Sigamos Engordando

517

Allá por 1976, yo tenía siete años y vi por primera vez a una persona con obesidad extrema. Era una mujer joven, a bordo de una silla de ruedas. En esa época, estando en Estados Unidos de vacaciones, nunca había visto nada igual. No podía imaginar cómo alguien podía llegar a ese extremo de gordura. El impacto fue tal, que luego de casi cuarenta años, esa imagen sigue grabada en mi mente, incólume, terca, inolvidable.

En los años sesenta, el porcentaje de obesos en Estados Unidos era alrededor del 10%. Hoy representan casi un treinta y cinco por ciento de la población: Uno de cada tres norteamericanos sufren de esta letal epidemia – la obesidad. Comprobar esta situación es muy fácil, solo hace falta ir a un McDonalds en un barrio pobre, y se podrá encontrar a un gran número de gordos de todo calibre, en sillas de ruedas y a pie, comiendo sendas hamburguesas con papas, acompañadas de abundante gaseosa bien heladita. Aquí, la mujer de 1976 no se sentiría tan sola, tan observada; hasta podría pasar desapercibida.

Cómo se pudo triplicar el número de obesos en un país, en tan solo 40 años? Como es posible que más de cien millones de personas de todas las edades sufran de una enfermedad tan peligrosa, pero a la vez tan fácil de evitar? Varios elementos han contribuido a esta situación:

Menos trabajos involucran actividad física- más horas en frente de una pantalla, sentados;
Menos actividad física como recreo: Más tiempo pasado viendo televisión, o entretenidos en teléfonos inteligentes y tabletas;
Cambios en la dinámica social: la comida se ha convertido en un aspecto más central en la vida diaria. Más y mejores opciones, más presencia en los medios – Food Network aparece en 1993, transmitiendo suculentas recetas 24 horas al día, y The Cooking Channel llega en 2010
Cambios en la dieta: alimentos procesados, ricos en colesterol, sodio, azúcar y demás, ocupan mayor espacio en las despensas y refrigeradoras de familias de clase media y media baja del país – los alimentos más sanos “no son tan sabrosos” (que debe interpretarse más bien como “las verduras no tienen tan buen marketing como los hot dogs”). Asimismo, el precio es un factor importante: la comida más sana es la más cara. También contribuyen la aparición de los “value menu” (menú económico) ofrecidos por restaurantes de comida rápida: 1 dólar te compra una hamburguesa, papas fritas y una gaseosa grande.
Incremento en el tamaño de las porciones.
El punto 5 es – según mi modesta opinión, el de mayor impacto, y el que involucra la misma ética cancerígena de las grandes tabacaleras: La salud del público es irrelevante cuando están en juego millones de dólares en ventas. “Más cigarrillos, más comida, más bebida, más plata. ¿Más muertos? Sí, pero más plata.”

Hay numerosos estudios que han observado el crecimiento en el tamaño de las porciones de toda clase: Sándwiches, porciones de papas, donuts, pop corn en el cine, pizzas; TODO ha crecido alrededor del 20% en aproximadamente 25 años; pero el ganador es el vaso de gaseosa.

El crecimiento que ha registrado la cantidad de gaseosa consumida en el país es asombroso por su magnitud y por el principio tan sencillo que lo impulsa – la gente bebe (y come) más si se le pone delante un vaso (o plato) más grande. Es una realidad de la naturaleza humana que las empresas que manufacturan comidas y bebidas han explotado sin misericordia durante décadas, y que les ha producido millonarias ganancias.

En 1955, la entonces novísima cadena de comida rápida McDonalds introduce su estándar de vaso de gaseosa – 7 onzas, o 0.20 litros. En 2012, la misma cadena introduce su versión “super size”, un formidable vazo de 42 onzas, o ni más ni menos que 1.25 litros!

Todavía recuerdo cuando, a principios de los ochenta, la gaseosa de “tamaño familiar” fue reemplazada por la entonces brutalmente grande botella de 1 litro y la gente comentaba “imagínate ¿quién se va a tomar un litro de gaseosa?” Bueno, hoy en día, cualquiera que vaya a Mcdonalds o Burger King se puede tomar en el transcurso de un almuerzo, la cantidad que desee de vasos de 1.25 litros de gaseosa. Si prefiere ir a KFC, allí le pueden despachar su gaseosa favorita en un portentoso vaso de 64 onzas (1.90 litros), si Kum&Go le queda más cerca, puede saciar su sed con uno de 100 onzas (2.95 litros), o si le gusta más el ambiente en 7-eleven, se puede llevar el “Team Gulp”, un monstruo de 128 onzas (3.80 litros).

Esta barbarie ha traído básicamente tres consecuencias:

El número de muertes causadas por enfermedades vinculadas directamente a la obesidad ha pasado de 112,000 en el año 2000, a más de 280,000 en el 2012.
El costo de tratamiento de enfermedades derivadas de la obesidad ha crecido de 98 mil millones de dólares en 1986 a 190 mil millones en 2012 (las proyecciones estiman que para el 2030 el gasto va a estar cerca de los 230 mil millones, cuando los obesos lleguen a representar el 48% de la población)
Los ingresos de las empresas que producen bebidas gaseosas han crecido exponencialmente, gracias a esta idea de ofrecer vasos cada vez más grandes: Solo en Estados Unidos, Coca Cola registró ventas del orden de los 23 mil millones en 2005; las mismas superaron los 47 mil millones de dólares en 2012.
Mientras tanto, niños obesos continúan convirtiéndose en adultos obesos, adultos obesos en estadísticas de mortandad, y Coca Cola sigue invitándonos a “destapar la felicidad”.