Sin excusas: Tiempos electorales

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Hoy Estados Unidos elige a 38 de sus 55 gobernadores, 33 senadores y 435 diputados (o congresista, como se les denomina de manera informal en este país). Este proceso político se yuxtapone frente a otros tantos que se han venido dando en distintas regiones del globo. Si bien no son sucesos que generan inestabilidad o desconcierto, es necesario tomarlos en cuenta debido a la trascendencia que están generando.

Ayer se conocieron los resultados de las elecciones parlamentarias llevadas a cabo en Túnez. Este país de mayoría musulmana ha reconocido como ganador en las urnas al partido secular, Nidaa Tunes (Llamado de Túnez, ha ganado la mayoría de asientos en el Parlamento. Lo interesante de este proceso es que el partido en el poder, Ennada(Renacimiento Tunecino), confesional musulmán, reconoció ayer su derrota y felicitó a Nidaa. En Ucrania hace diez días el partido de Petro Poroshenko, quien fue electo presidente en mayo último, ganó la primera mayoría en la Rada(Parlamento).

En Asia, India, considerada la democracia más grande del mundo, en relación al número de votantes, otorgó en mayo a Narendra Modi y su nuevo partido el Bharatiya Janata, la mayoría en el Parlamento y le ganó al sempiterno Partido del Congreso la opción de gobernar. En Afganistán, en dos reñidas vueltas entre abril y junio, se eligió a Presidente y Vicepresidente bajo un arreglo interesante. Si quisiéramos tener una perspectiva BRIC, podríamos inclusive decir que en Brasil hace apenas unos días, Dilma Roussef, del Partido de los Trabajadores, fue reelecta por un escaso margen frente del socialdemócrata Aécio Neves.

En el contexto latinoamericano hace una semana, Uruguay ha votado en una primera vuelta por la continuidad del Frente Amplio. Hace un par de semanas Bolivia reeligió por un tercer mandato a Evo Morales.

De todos estos procesos nacionales, podemos colegir una generalidad. Primero, no importa si el sistema de gobierno está muy institucionalizado como el caso estadounidense, o casi nada institucionalizado, como el caso afgano; la vía electoral se está cimentando como la única vía de legitimar el poder en distintas regiones. Esto es importante en la medida que todavía se escuchan voces, con eco en la prensa internacional, que invitan a pensar que el modelo chino, el llamado Consenso de Beijing, tiene cabida en este escenario mundial. El deseo de llevar un Estado de Partido Único con un manejo económico ortodoxo, no tiene muchos seguidores, los hechos lo demuestran. Ni países grandes ni pequeños, ni de desarrollados, ni en desarrollo, ni con buen desempeño económico, ni con condiciones de subsistencia para sus ciudadanos, están siguiendo esa ruta. Esto es válido no solo para las tradicionales democracias liberales representativas, sino para las nacientes o renacientes, tales como la Tunecina (donde por primera se vota), o la afgana. Parece una que ola de electoral se consolida. El único contraejemplo en el último mes es el Golpe de Estado llevado a cabo en Burkina Faso.

Las elecciones, son el primer paso que abre la posibilidad a distintas reformas políticas, económicas y sociales. Al mismo tiempo, se podría añadir que es también un último paso. Es el umbral que mide el desempeño electoral de candidatos, donde puede que se haya manipulado los recursos del Estado o no, donde puede haber faltas institucionales, de coacción a la prensa; o por el otro lado, de un debate rico en propuestas y de plataformas electorales en competencia dentro de los marcos de la ley.

Esta vez, a diferencia del comienzo de los noventa, la intensidad de este efecto llega de un modo distinto. Ya quedó el precedente de la Primavera Árabe donde inclusive los regímenes más sólidos fueron depuestos. A su vez, una vez pasado el periodo 2008- 2012, más allá del hecho que se vive el momento económico más difícil en los últimos 70 años, nadie ha mencionado un retorno al Estado con funciones propias del mercado, ni mucho menos al modelo de Estado de Bienestar, o Estados Socialistas. No hay ganador electoral en el mundo que haya sido conocido de antemano. Solamente el caso de ciertas elecciones en América Latina se ha dado ello. Parece ser una consolidación de la transición pendiente hace 15 años. El objetivo es el mismo: ser un Estado responsable, legítimo, arraigado en las tendencias democráticas, sin importar el sentir de potencias regionales alternativas.