Sobre los liderazgos, las élites y el pueblo: una lección que nos deja el fútbol, por Federico Prieto Celi

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Como Ricardo Gareca, Edwin Oviedo Picchotito, presidente de la Federación Peruana de Fútbol (FPF), es uno de los protagonistas de la clasificación del seleccionado peruano de fútbol al próximo Campeonato Mundial, porque ha realizado un trabajo programado de mediano plazo, no improvisado para esta clasificación. No es sólo un líder, es una élite, respaldada generosamente por el pueblo peruano, la que ha logrado el viaje a Rusia.

Llama la atención de que, hasta donde tengo noticia al escribir estas líneas, entre las cientos de felicitaciones llegadas al seleccionado, al entrenador y al presidente de la FPF, inclusive desde Chile, no se encuentre la del presidente de la Asociación Deportiva de Fútbol Profesional (ADFP), Arturo Vásquez Torres, ya que es la institución encargada de organizar los campeonatos de clubes de Primera División en el Perú.

La clasificación se debe a un trabajo continuo. Desde hace un año, los directivos de FPF han venido preparando el Centro de Alto Rendimiento, en Chachacayo, que se inaugurará en marzo 2018, y donde nuestra selección se concentrará cómodamente y sin curiosos para el mundial, gracias a un convenio favorable con el Arzobispado de Lima.  La preparación de la reunión anual de la FIFA en Lima, que se llevará igualmente en marzo 2018, previamente al mundial, tampoco es algo fortuito ni casual, sino mérito de los dirigentes de la FPF, que pensaron en la oportunidad de hacerlo en la capital peruana, confiando en la clasificación de nuestro equipo. Y entre las metas de la FPF está la posibilidad que en nuestro país se juegue una final de la Copa Libertadores, una ilusión de los hinchas que puede hacerse realidad  más o menos pronto.

Nuestra selección, salvo a Guerrero, Farfán y Rodríguez, está formada por jugadores que no llegan a los 25 años. Tenemos equipo para las siguientes dos eliminatorias, cuando menos. Pero esto hay que cuidarlo, no pensar que ya lo logramos; es un esfuerzo de todos los días que debe involucrar al más jóvenes cada día. Hay que tener más suplentes de calidad en la banca.

Hoy, ser futbolista en el Perú, tiene que ser sinónimo de profesionalismo y posibilidad de desarrollo real. Tiene que haber más cambios, sin lugar a dudas, pero el norte es claro. Tenemos que recuperar el tiempo perdido, y nunca más dejar que la mediocridad sea la regla. La FPF no debe ser, nunca más, el furgón de cola de Sudamérica. Tenemos un peso específico que hacer valer, como en las cuatro clasificaciones anteriores: 1930, 1970, 1978, 1982.

En la nota que ha escrito el lunes el comentarista Jerónimo Pimentel apunta casi al final que el seleccionado debe sostener el buen rendimiento del equipo peruano, de manera perseverante, mediante los métodos usuales en este caso, como elegir bien los adversarios en los partidos amistosos, para que el nivel del fútbol peruano siga subiendo en la medida de lo posible, para satisfacción de la hinchada nacional.