Sobre Pablo, por Eduardo Herrera Velarde

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No voy a entrar a discutir el asunto de fondo sobre el caso de Pablo. Es mi amigo y como a toda persona, me relevo la posibilidad de juzgarle. Además, lo que diga en favor de él no debería ser suficiente para eximirlo o inculparlo.

Trataré de ser lo más ecuánime y centrado en un asunto que nos compete a todos y que parece ser de propiedad solo de algunos: la verdad.

He aprendido que la verdad no existe y que, en muchos casos, lo único que existen son percepciones respecto a una misma situación. Por eso me es difícil juzgar a Pablo sin saber todos los detalles de su situación (que no los tengo).

Sospecho de aquellos que hablan en nombre de la verdad. Usualmente no la tienen. Me paraliza que alguien sentencie a otro en respaldo de tener una posición de privilegio. Eso no es defensa de ninguna causa, es ajusticiamiento.  

En relación al caso judicial de Pablo, pese a que fui su abogado en una oportunidad anterior, no puedo condenar a alguien por una denuncia o por miles de denuncias. En la situación tan precaria de nuestro sistema de Justicia mañana mismo puedo hacer una denuncia en una servilleta y casi por seguro la investigarán. Me preocupa la facilidad de los seres superiores que lo hacen. Cuántas personas han sido esquilmadas públicamente y luego se comprobó que, al menos, tenían una posición que merecía ser escuchada. Eso es lo que hace diferencia entre una sociedad (si existe el concepto de sociedad) civilizada de aquella que no lo es.

En todos partes ustedes verán que se repite frases como estas: “la verdad ante todo”, “siempre dice la verdad”, “nuestro objetivo: la verdad”. Esto no es casualidad. Es una forma de generar empatía, credibilidad y cierta sujeción. Claro, al que te dice la verdad tienes que creerle y seguirle; no hay más.

Y no. Mil veces no. Me resisto a creer porque alguien lo dice. La verdad no es de nadie y de todos a la vez. Cada quien podrá tener su posición y seguramente luego de eso me caerá por defender una posición aparentemente impopular; me da absolutamente igual. Mi compromiso está con mi conciencia que finalmente es mi verdad.  

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