Sobrepensar la vida, por Scarlet Castro

«Concédete un momento para considerar la verdad de este texto. ¿Cuántas veces has sido capaz de armar todo un escenario en tu cabeza sobre una situación que no ha ocurrido, a raíz de sobrepensar las cosas y llevarlas a una dimensión bastante lejana de la realidad?».

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Concédete un momento para considerar la verdad de este texto. ¿Cuántas veces has sido capaz de armar todo un escenario en tu cabeza sobre una situación que no ha ocurrido, a raíz de sobrepensar las cosas y llevarlas a una dimensión bastante lejana de la realidad?

A diario nos afligimos por cosas del pasado y nuestros sentimientos refulgen por un “¿Pero qué hubiera pasado si hacía cierta cosa diferente?”. Del mismo modo, le tememos al futuro y la mente abre paso a la incertidumbre: “¿Qué será de mí en unos meses, o años?, ¿Vale la pena lo que estoy haciendo ahora? ¿Es esto lo que quiero para mi futuro?”. En efecto, preocuparte por tu futuro y esforzarse es importante, pero no más que tu salud mental.

El poder que tu mente llega a tener sobre tus días es dependiente únicamente de ti. Hacemos una suposición, comprendemos las cosas mal, nos lo tomamos personalmente y acabamos haciendo un gran drama de la nada, involucrando a personas que queremos, generando discusiones y días malos. Si te das cuenta, toda la tristeza, dramas y enojos que has llegado a experimentar, tienen sus raíces en las suposiciones que hiciste, sobrepensaste o tomaste personal.

Las redes sociales han generado comparaciones físicas compulsivas a diario, presión social, crueldad al comentar y/o referirte a alguien, entre otros lineamientos. Sin darnos cuenta, le dedicamos la mayor parte de nuestros días a alimentarnos de estas, desperdiciando horas enterándonos y preocupándonos más por lo que sucede en el día de nuestros amigos y conocidos que en el nuestro.

Hemos aprendido a ser crueles con nosotros mismos, a editar cada pliegue de nuestro rostro, solo para que al subir una foto nadie encuentre imperfección alguna. ¿Cuántos minutos te tomas para sobre examinarte antes de subir una foto que te gustó? Y lo más importante, ¿la revisas tanto porque te disgusta o porque necesitas que se vea perfecta para evitar la crítica de alguien más? Llevas una situación bastante simple a una osadía basada en la opinión del resto y caes en la equivocación de sobrepensar algo que no valía la pena en realidad.

Lo anterior es solo un ejemplo de las muchas veces que sobrepensamos en el día, y que, a mayor escala, nos desgasta mentalmente. Para avanzar en una vida de bienestar y tomar buenas decisiones necesitas limpiar tu mente. El sobrepensar te arrastra a la desconcentración, oscuridad mental, sometes tu estado anímico a una constante montaña rusa. Tener estos pensamientos repetitivos puede llevarnos a tocar fondo, cosa que desde hace mucho ya no es malo, pues es la oportunidad perfecta para comenzar de cero contigo mismo. Enhorabuena si te suena la posibilidad.

Visualiza tu mente como tu hogar, donde solo tú decides qué pensamientos dejas entrar. Si regresamos al ejemplo anterior y realizamos una breve clasificación, existen dos tipos de cuentas: Las que sigo porque siento necesitar ser/tener eso y me frustra revisarlas porque al terminar de ver y apagar el celular genera ansiedad o tristeza.

También están las que generan paz con uno mismo y comparten contenido que me ayuda a estar bien, libre de intenciones de envidia o malicia. ¿Qué es lo que dejarás ingresar a tu vida si lo ves de este modo? O, mejor dicho, ¿a quiénes?

Cuando se nos hace imposible dejar de sobrepensar las cosas pasadas o futuras, abrimos paso al Mindfulness. Desde hace mucho esta ha sido una palabra comúnmente adjudicada al vocabulario, pero veamos qué quiere decir realmente. A su traducción directa, obtenemos “Consciencia”, no muy alejado de su verdadero significado: la atención plena.

Consiste en reconocer el aquí y el ahora. Salir de nuestro remolino mental y saber que si tú estás aquí, ahora mismo, leyendo esto, tu mente no tiene cabida para sobrepensar o imaginar cosas que no se han dado a futuro, ni recriminar tu pasado porque estás presente, y lo reconoces. Fija tu atención en el momento presente y no pretendas ejercer ningún control sobre este.

Es importante vivir día a día, paso a paso e ir quitándonos el peso de sobrepensar cosas que en su gran mayoría de veces, no se han dado, ni se darán. Recordar que está bien sentirnos mal porque en algún momento caímos en la angustia que nuestra mente generó y pensamos que jamás conseguiremos ese estado de reconocimiento del presente.

Busca tu propia forma de aliviar esa carga mental; escribe, ve al parque más cercano y concéntrate en una sola cosa, en una planta o en el cielo, evidencia el presente. Lo más importante es buscar los comodines que tendremos a la espera para un momento donde pensemos de más y, poco a poco, ayudar a nuestra mente a hacer a un lado la negatividad, porque cuando comienzas a cambiar desde adentro, todo cambia fuera. Un corazón en paz florece incluso solo, recordando siempre que eres del mundo, pero no para todo el mundo.

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