Socialcristianos y peruanos, por Daniel Masnjak

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El libro Siembra, convicción y peripecia: El socialcristianismo en el Perú, del fallecido diputado Antonino Espinosa Laña, recopila transcripciones de las clases que este dictó en diferentes oportunidades a militantes de su partido, el Partido Popular Cristiano. Espinosa comenta el rol político que ha jugado en el Perú la concepción cristiana del mundo. El análisis va desde la llegada de los conquistadores, pasando por la formación de lo que fue el Partido Demócrata Cristiano y la fundación del PPC, hasta las elecciones municipales del año 2010.

“A nadie se le pide partida de bautismo para ingresar al PPC”, dice en una parte. Esto, como se mencionó en otra oportunidad[1], se entiende a la luz de la distinción (no exclusión) cristiana de los órdenes temporal y espiritual, explicada con claridad por Jacques Maritain en su libro Humanismo Integral. Pero Espinosa también da una perspectiva interesante sobre personas y acontecimientos impregnados por ideas propias del humanismo cristiano en la historia peruana. Por ejemplo, comenta algunas justificaciones teocéntricas que los precursores daban a la independencia. Según Viscardo y Guzmán, el derecho natural (y como tal, entendía creado por Dios) de los pueblos a conducir su destino e interactuar con los otros, era violentado por el monopolio impuesto por la metrópoli a los virreinatos.

Don Antonino Espinosa también comenta una carta de Luna Pizarro en la que invoca a Dios para pedirle “que nos proporcione algún día la libertad verdadera, el dulce imperio de la ley dictada por los mismos pueblos, según plazca a su voluntad”. Al respecto, dice que “La libertad consiste, por ello, en una conducta sujeta a ley. Ordenada, que expresa lo propio respetando lo ajeno”. Esto puede conectarse con la mención que hace de Bartolomé Herrera. Criticando la anarquía de inicios de la República, Herrera lamentaba que el Perú hubiera olvidado que “Libertados del pecado, os habéis hecho siervos de la justicia” (Rom 6,18). O que, si al Perú “no se le anunció en términos formales que era independiente de Dios, se arregló su conducta práctica a este principio absurdo y espantoso”.

Pero lo importante aquí es que en su libro, Espinosa aclara la idea de “ser independiente de Dios” diciendo “esto es, libre de la Moral”. La equivalencia la hace no pocas veces, particularmente en lo referido a los derechos humanos. Y es que cabe insistir en que no puede haber social-cristianismo sin cristianismo. Pero como eso contempla el deber cristiano de hacer del mundo un mejor lugar, aparecieron también en la historia peruana quienes pensaron en formas concretas de realizar el humanismo cristiano en el país.

En El Evangelio y la tierra, Lourdes Flores describe a tres precursores de los partidos socialcristianos en el Perú del siglo XX: Francisco García Calderón, José de la Riva-Agüero y, principalmente, Víctor Andrés Belaúnde. De la obra de este último se puede resaltar, entre otros grandes aportes, la relevancia que le dio al cristianismo como elemento de la peruanidad. Sobre su propuesta de un “Senado funcional” o gremial, al margen de su vigencia, Espinosa resalta que el concepto también había sido propuesto por Herrera en el siglo XIX. Las raíces de la idea en realidad se encuentran, dice, en las formas de representación gremial para el gobierno municipal que había en la Edad Media.

Sin embargo, el precursor inmediato del “socialcristianismo institucional”, por ponerle algún nombre a los partidos, fue don José Luis Bustamante y Rivero. Su Mensaje al  Perú de 1955 encendió, en palabras de Antonino Espinosa, “la chispa” que llevó a la fundación del Partido Demócrata Cristiano. De este saldrían, tras una serie de discrepancias internas, Luis Bedoya Reyes, Ernesto Alayza Grundy, Mario Polar Ugarteche y el propio Espinosa, para así fundar el Partido Popular Cristiano.

Los políticos cristianos del siglo XIX e inicios del XX eran básicamente personalidades que en el mejor de los casos intentaron, pero no lograron, consolidar partidos políticos que tuvieran en el corazón una visión cristiana del mundo. La fundación del PPC marcó un hito por la institucionalización del socialcristianismo como base sobre la cual ha formado cuadros y estructurado propuestas de acuerdo con los distintos momentos que ha vivido el país. Sin embargo, no puede dejar de mencionarse que hasta ahora, ese “socialcristianismo institucional” no ha llegado a Palacio ni ha consolidado una presencia nacional más allá de su buen nombre. Las razones de ello deben ser analizadas a propósito de su cincuenta aniversario.

[1] Ver Lo esencial del socialcristianismo, en: https://www.lucidez.pe/tribuna-universitaria/lo-esencial-del-socialcristianismo-por-daniel-masnjak/