Son delitos, no pecados, por Ana Jara

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Repulsión y condena ha provocado el fallo de la Santa Sede en el caso Sodalicio del Perú, que lejos de sancionar con severidad a quien valiéndose de la autoridad de la Fe y la ascendencia que el cargo sacerdotal le confería, acosó y/o violentó sexualmente a niños y adolescentes, con total impunidad, liberándole de responsabilidad y brindándole protección a manera de encubrimiento, separándolo o aislándolo de la justicia civil u ordinaria.

Indígnamente, la Santa Sede se zurró en los múltiples y desgarradores testimonios de víctimas de agresión sexual del siniestro Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio en nuestro país y trastocando uno de los postulados del Cristianismo, que es defender y proteger a los más débiles, llegó a la vileza de denominar sus delitos como meros “actos gravemente pecaminosos” y llamando de forma inaudita a las victimas como “cómplices”. Así, premiando castigando a los pederastas con un exilio dorado a manera de residencia en alguna comunidad católica.

Las cosas por su nombre: No, Papa Francisco, no son actos pecaminosos, son delitos. Se han violado derechos humanos, derechos universales y que usted prometió no tolerar (como lo dijo en esta oportunidad).  Sin embargo, lamentablemente, sus acciones contradicen sus palabras.

Esto no debe quedar así, el Papa es el Jefe del Estado del Vaticano, considerado como un país (que alberga a La Santa Sede), con el cual sostenemos relaciones diplomáticas y tratados. Si nos queremos hacer respetar, se esperaría una nota de protesta de nuestra Cancillería por tal indignante fallo, como ya han opinado otras personas, tal vez reconsiderar las asignaciones económicas que la Iglesia Católica recibe y en especial, analizar las implicancias de lo resuelto por la ONU para estos temas:

“La responsabilidad del Vaticano en los casos de pederastía no se limita a su territorio y abarca los abusos cometidos en terceros países”. Por lo cual El Vaticano sí sería responsable de las violaciones que perpetren sus sacerdotes.

Este tipo de fallos de la máxima Instancia de la Iglesia Católica merman, debilitan y atentan,  irreparablemente contra toda la cristiandad, afectan la Institución de la Fe. Por esto me permito recordarles a los pederastas y sus a encubridores, lo que dicen las Escrituras en Hebreos 10:31: ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!

Finalmente, expreso a las víctimas del caso Sodalicio mi solidaridad y profundo respeto. La Justicia llegará tarde o temprano.

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