Soy igual a ti, por Nathan Sztrancman

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Soy igual a ti Mientas las elecciones se hacen cada vez más aplastantemente obvias — tanto que no puedo dejar de escribir sobre ellas, a pesar de Zidane en el Madrid — los candidatos tienen una tarea particularmente kafkiana. Convencer a la gente de que no es más que eso. Es la estrategia de implantar la idea de que nos va a ir mejor teniendo un Presidente que no queremos a que presidir nosotros mismos. La comparación no tiene nada que ver con quien lleva mejor las riendas del país, sino quien logra mas rating en un programa los domingos. Es verdad que lo segundo requiere más elocuencia que lo primero, pero nosotros no lo sabemos. Tenemos la noción de que es más fácil ser entrevistado por Beto Ortiz que llamar a Bachelet.

Yo siempre he creído que la Presidencia de la República es una exageración, porque miles de peruanos podrían residir en Palacio. Por un lado somos un gran país, y por otro nos puede gobernar quien sea. Y nos ha gobernado quien sea, también. Durante el triunfo romano, cuando el Dux y su ejército desfilaban endiosados en la ciudad, el comandante siempre tenía a un esclavo detrás susurrándole; «Respice post te, hominem te esse memento» («Mira hacia atrás y recuerda que sólo eres un hombre»). A los Presidentes les deberían poner una alarma que diga lo mismo, y añadir algo así como «y por si acaso te han elegido porque eras el mejor de los males».

Las campañas se reducen a menudencias rutinarias, nada excepcional. La pregunta no es qué puedo hacer yo por el país, sino por tu cuenta bancaria y por el Especial del Humor. Es más fácil hablar de pasaportes y alianzas que de urgencias sanitarias en hospitales recónditos. Valoramos mucho más la viveza que la academia. Ir al programa de Beto o de Magaly da a entender que para ser Presidente es más importante ponerse emocional que mantener el crecimiento económico sin desechar el producto peruano.

Muchas campañas mencionan que el Perú avanza o Perú para los peruanos o algo para convencernos de que el interés es para ganar las elecciones aquí, como si alguien fuese a creer que quieren gobernar Cleveland. ¿De donde esperamos que venga la persona con máximo poder en nuestro país? ¿Y cómo puedo ser un éxito tu lugar de nacimiento? Son estrategias para mezclar al político con las masas, sacando una guitarra y un cajón, para entretener al votante. La audiencia paga, el político actúa. Elegir a alguien por sus modales en casa y su sonrisa en la televisión, y no por su plan de gobierno o su actitud en el despacho, y al terminar su gestión recién darnos cuenta que nos estaba distrayendo de algo importante que pasó; las elecciones presidenciales.

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