Soy un cocainómano

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Empecé a jalar líneas cuando tenía once años. Desde ahí no he parado y tiendo a acompañarlas con mi café de la mañana. Así como usted querido lector se lava los dientes después de comer, yo me jalo unas líneas. Bla. Bla. Bla. Bla.

¿Llamé su atención? ¿El título de este artículo le jaló el ojo? ¡Qué bueno!

El viernes abrí El Comercio y me topé con una columna del escritor y publicista Gustavo Rodríguez que iba más o menos en esta onda. Empecé a leerla y poco a poco me fui sumergiendo en el horror de la historia de un hombre con hijas que destruía su vida amorosa y apelaba a anestesiar el dolor drogándose. No podía creerlo, mientras obedecía a mis instintos morbosos de periodista crítico seguía leyendo espanto tras espanto sintiendo lástima por el autor y al mismo tiempo ruborizándome por el tipo de cosas que un diario ‘respetable’ publicaba. Con un poco de esfuerzo hice algo que aparentemente no muchos lectores hicieron: llegué al final del artículo. Resulta  que todo era una invención, un ‘stunt’ que redondeaba un argumento de forma perfecta. El artículo iba a ser leído por mucha gente, compartido y ‘likeado’ ¿Por qué? Por el mismo motivo por el que uno queda hipnotizado viendo las cosas que narran los noticieros, por el mismo motivo por el que tantos peruanos babean de interés viendo ciertos programas de concurso con amoríos inventados, por el mismo motivo por el que quizá usted abrió este artículo el día de hoy.

No tiendo a loar a muchas personas desde mis columnas, pero la forma de llevar el asunto de Rodríguez me pareció genial. Y es que es cierto ¿Por qué existe televisión ‘basura’? ¿Por qué el formato de los noticieros no ha cambiado a pesar de que tanta gente se ha quejado de ellos? ¿Por qué se exhibe tanta caca en los medios? Muy simple: el televidente, radioescucha y lector peruano consume y disfruta la caca, el morbo, ya sea como una excusa para rasgarse las vestiduras y criticar o porque simplemente un impulso superior a él lo hace disfrutar de lo violento, lo impúdico y lo mediocre.

La marcha contra la televisión basura es un curioso síntoma de esto pues le prometo que más de la mitad de los que marcharán con máscaras de indignación ese día son ávidos consumidores de caca. No hay mayor hipocresía que reclamarle a una empresa que deje de vender eso que tanta gente consume. ¡No hay que culpar a los vendedores de cigarrillos de envenenar a la sociedad sino hay que culpar a la sociedad que se envenena sola! Del mismo modo no podemos esperar que América Televisión deje de transmitir el esperpento de Esto es Guerra si tiene tanta gente que es fanática de la cochinada.

Los medios son el reflejo de la sociedad, si quiere cambiar los medios tiene que emprender una complicada lucha para cambiar la sociedad. Poco a poco.

***

Una rápida queja. El día viernes pretendí entrar a una discoteca de cierto balneario del sur. No tiendo a ir a discotecas pero en aras de la variación quise hacerlo este fin de semana. Yo y otros muchachos de mi edad fuimos informados que teníamos que tener más de veinticinco para ingresar y que si éramos menores teníamos que pasarle (al VIP de la puerta) una ‘propinita’. No había forma que fuera a coimear a aquel ratero para entrar a su discoteca especialmente cuando es un flagrante atentado contra la ley no dejar pasar a alguien a una discoteca por no tener veinticinco ¿Ahora las discotecas deciden cuál es la mayoría de edad? ¿Qué clase de empresario contrata a gente que pide sobornos para dejar pasar a uno a un local? Y la pregunta más importante ¿Por qué no hay una autoridad que haga algo al respecto? Ejem… indecopi… ejem.