Sube, sube

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Sube y sube! ¡Su-su-su-sube!

No, ésta no es una descripción sobre las preferencias de los electores por algún candidato a la alcaldía de Lima. Peor aún, la frase dista de ser una proyección sobre el crecimiento futuro. Finalmente, y aunque decepcione a los nostálgicos, esta tampoco es la letra de aquella recordada canción de Nubeluz. Ésta es, para bien o para mal, la historia del dólar durante el último mes y medio.

Desde el 15 de agosto, el tipo de cambio local ha experimentado una fuerte subida que nos ha llevado desde un cómodo 2.79 hasta la estratósfera (o eso creíamos que era) del 2.88 (¡!). En un país como el nuestro en el que, pese al éxito económico de los últimos 20 años, el trauma de lo vivido en los años setenta y ochenta sigue vívido en la memoria (al menos en las de aquellos mayores a cuarenta), un cambio abrupto en la cotización del dólar puede ser un presagio de terrores futuros por venir. La subida del dólar parece tener una extraña, aunque no injustificada, correlación con el pesimismo de los peruanos.

¿Pero es esto necesariamente malo? Sí y no. El tipo de cambio es uno de los aspectos de la economía en la que, lamentablemente, no podemos dejar contentos a todos. Veamos.

La subida del dólar responde a dos factores, uno interno y otro externo. Partamos por lo último: el contexto internacional está cambiando, la economía de EE.UU. mejora y la Reserva Federal comienza a preparar el terreno para retirar sus estímulos monetarios a partir del próximo año. Con todo esto, el dólar ha comenzado a apreciarse en todas partes: frente al euro en Europa, frente al yen en Japón, frente a la libra en Reino Unido, etc. (la excepción notable en este caso es el yuan en China por razones que exceden el espacio de esta columna así como la paciencia del lector). Por este vecindario, los resultados no son distintos: desde el 15 de agosto, las monedas en el denominado “Latam-5” se han depreciado: el real en Brasil ha retrocedido 6.7%, el peso mexicano ha caído 1.9% y los pesos colombiano y chileno se han depreciado 6.0% y 3.9%, respectivamente. En el Perú, por último, la depreciación ha sido de 2.6%.

Primera conclusión: la subida del dólar no es una señal de crisis, salvo que todos los otros países también estén atravesando una. Eso incluye a Colombia, país que recientemente se ha vuelto la envidia de algunos comentaristas ante la expectativa de que crezca más que el Perú este año.

Veamos ahora el factor interno. La depreciación arrancó a mediados de agosto porque el Banco Central de Reserva (BCR) decidió comprar 10 millones de dólares, dando a entender a los analistas y otros observadores de que se sentía cómodo con una subida del dólar. La razón de esto es el desbalance externo: nuestro déficit de cuenta corriente (algo así como el déficit comercial aumentado) es muy alto y se acerca al 7% de PBI. Los mercados financieros locales, luego de entender el mensaje, han comenzado a empujar la cotización poco a poco, y como el BCR sigue permitiendo que el dólar avance, pues el tipo de cambio continúa elevándose.

Ante esto, los exportadores celebran. Las personas que planeaban irse de viaje al extranjero se lamentan. Y las empresas y personas que ganan en soles pero gastan en dólares se preocupan. Es difícil tener a todos contentos. Sin embargo, aquí entra a tallar una segunda conclusión: aunque no guste, una ligera depreciación (menor a la de varios otros países) probablemente sirva para reducir nuestra brecha externa.

El lector seguro concluirá, después de leer todo esto, que el tipo de cambio en el Perú está controlado, y que aquí estamos sujetos a los deseos y hasta caprichos de los señores que trabajan en el BCR. Y no lo culparía, pues muchos comentaristas repiten esto hasta el cansancio. Sin embargo, esto no es así. El tipo de cambio en el Perú es “administrado”, y este término no busca ser un eufemismo. Lo vimos el año pasado, cuando experimentamos una depreciación importante en línea con el resto de la región. Lo que busca el BCR no es evitar que el dólar suba o baje, sino prevenir que los movimientos sean bruscos y en un espacio de tiempo corto. La economía todavía está altamente dolarizada, con el 44% de los depósitos y un porcentaje similar de los créditos denominados en dólares. Fluctuaciones muy fuertes en el tipo de cambio durante espacios cortos tienden a perjudicar a ahorristas o prestatarios de manera significativa, afectando la estabilidad del sector financiero. Es por esta razón que el BCR trata de “suavizar” los movimientos del dólar y evitar las disrupciones que estos traen consigo.

Así que no nos preocupemos. Aunque no todo es color de rosa para la economía en este momento, la subida del tipo de cambio no es una señal de crisis.

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