Teocracia, abusos civiles y protestas en Irán, por Piero Gayozzo

«Irán es una muestra moderna de cómo un sistema teocrático afecta la vida de millones de personas. »

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El día 13 de septiembre la joven iraní Mahsa Amini fue detenida por la Policía de la Moral cuando salía de una estación del metro en Teherán por llevar mal colocado el hiyab (velo islámico). Durante la detención, Amini fue brutalmente golpeada y como consecuencia de ello quedó en coma, por lo que fue internada en un hospital de la capital iraní, lugar en el que falleció cuatro días después. Este evento ha marcado un punto de inflexión en la convivencia del país, pues ha generado una ola de protestas ininterrumpidas que llevan algunas semanas y que ha cobrado la vida de más de 150 personas hasta el momento.

La muerte de Amini se suma a otros escándalos locales en los que las autoridades han actuado de forma abusiva y desproporcionada. En septiembre, el régimen condenó a muerte a dos activistas de la comunidad LGBT bajo la acusación de promover la homosexualidad. El año 2021, Nasrin Sotoudeh, una abogada que apoyaba a las mujeres que se quitaban el hiyab en forma de protesta, fue condenada a 38 años de prisión y 148 latigazos. ¿Por qué la legislación iraní es tan severa con casos que consideramos justos?

Debemos recordar la forma del gobierno iraní. Irán es una teocracia, es decir un tipo de administración social en la que las autoridades políticas son indistintas o tienen vínculos muy estrechos con las autoridades eclesiásticas, motivo por el cual parte o toda su legislación se encuentra supeditada o en concordancia con las creencias religiosas dominantes. En Irán, la religión oficial es el islam en su versión chiíta y, a pesar de que su estructura gubernamental incluye tres poderes estatales, por encima de ellos se encuentra una máxima autoridad que desempeña funciones políticas y religiosas: el Líder Supremo.

El cargo del Líder Supremo fue creado con la instauración de la Constitución de 1979 luego de la revolución que derrocó el gobierno de la dinastía Pahlavi. Sus funciones son tanto mediadoras, cuando existe discrepancia entre otras autoridades, como directivas y en materia de política local e internacional, militar, pues a él responden las fuerzas armadas, económica y otras decisiones administrativas, como la elección de funcionarios en instituciones judiciales y asambleas. Actualmente el liderazgo supremo lo ostenta el Ayatola Ali Jamenei y tiene bajo su cargo directo al grupo militar Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (Quds), una división de élite leal al régimen, ideologizada y que recuerda a las infames tropas SS de la Alemania nacionalsocialista. Esta última división no solo funge como servicio de inteligencia, sino que es empleado para entrenar, armar y potenciar organizaciones chiítas disidentes en la región. Por esto último, la administración de Donal Trump las incluyó en la lista de organizaciones terroristas el año 2019.

Como indica un reporte sobre la libertad religiosa del Departamento de Estado de Estados Unidos, la constitución iraní está completamente sometida a las enseñanzas islámicas, motivo por el cual todos los derechos y beneficios de los que gozan los ciudadanos deben estar en comunión con la interpretación oficial de la Sharia (Ley islámica). Cualquier tipo de oposición o acción vista como amenazante para el orden religioso es inmediatamente castigado y condenado. Lo mismo ocurre con cargos tan relativos como el “esparcimiento de corrupción en la Tierra”, “insulto de la santidad islámica” o “enemistad con Dios”. Muchos de estos cargos, penados por la legislación iraní, vulneran los derechos de las mujeres, quienes no son vistas en igualdad de condiciones y cuyas acciones están restringidas, de la comunidad LGBT y de otros sectores sociales.

Esta perspectiva tan cerrada de la política gubernamental termina afectando a gran parte de la población y no solo a las minorías religiosas, sexuales o a las mujeres. Amnistía Internacional denuncia cómo la libertad de expresión, de asociación y reunión política, mediática o social es reprimida en muchas ocasiones. El control efectuado por las autoridades también incluye el uso de redes sociales, pues el acceso a internet depende directamente de la Compañía de Comunicaciones Móviles de Irán, la cual pertenece al gobierno.

A todas vistas un gobierno como el de Irán es poco deseable. Una teocracia es un sistema de gobierno con un gran margen de error en sus decisiones, pues gira en torno a un sistema de pensamiento edificado sobre proposiciones sin fundamento. Las creencias sin fundamento son aquellas que no poseen referente real y, por lo tanto, carecen también de evidencia científica que las respalde. Al margen de esta consideración epistemológica, es posible emitir un juicio de valor sobre las mismas.

Para tomar una decisión y reducir la posibilidad de un resultado adverso para el agente, es importante tener información suficiente sobre los objetos involucrados. En el caso de las creencias sin fundamento, su promoción resulta inmoral porque evita que las personas tomen decisiones informadas que aumenten su bienestar. Entre las creencias sin fundamento podemos incluir a las teorías conspirativas, las pseudociencias o las creencias sobrenaturales.

Sobre la teocracia iraní, el origen de sus decisiones es un sistema religioso con un estricto código moral. Todo sistema religioso se erige sobre la asunción de la proposición “Existe un ser (o seres) superior(es) al hombre”, el cual revela enseñanzas, incluidas normas de conducta, a un grupo de elegidos y ellos son los encargados de difundirlas en la sociedad. Las normas de conducta de toda doctrina religiosa tienen por característica un origen atribuido como divino, el cual pretenden, en ocasiones, que sea considerado como universal. ¿Cuál es el problema con este tipo de sistemas morales? Básicamente una razón:

  1. No hay forma de verificar la existencia del Dios que revela las enseñanzas

Cuando se analizan y comparan sistemas morales revelados que tienen como origen distintas fuentes divinas, es decir son enseñanzas de distintos dioses, nos hallamos ante la dificultad de tener que verificar cuál es el dios o cuáles son los dioses verdaderos. Esta es una variación del punto (1). En cualquiera de los casos, el predicado “dios o dioses” pertenece al conjunto de constructos sobrenaturales, esto quiere decir que no tienen referente real ni están respaldadas por evidencia científica.

En ese sentido, un sistema de gobierno teocrático que dicta sus normas legales sobre o en relación con creencias sobrenaturales es de por sí inmoral. Al margen del nivel de restricción de libertades que ejerza sobre la población que gestiona, la sola difusión sistematizada de creencias sin fundamento afecta negativamente a las personas pues las aleja de la realidad, reduce su probabilidad de éxito y aumenta sus posibilidades de algún tipo de impacto negativo en la toma de decisiones.

Irán es una muestra moderna de cómo un sistema teocrático afecta la vida de millones de personas. Casi el 50% de la población es reprimida y sus libertades individuales afectadas por su sexo biológico, lo mismo ocurre con las minorías LGBT a quienes priva del legítimo derecho a la identidad y a la libre realización, además de incentivar las diferencias religiosas al sustentar la disidencia político-religiosa en la región, como lo hace a través del cuerpo Quds. Esperemos que las protestas que llevan algunas semanas en el país se configuren el inicio de una nueva revolución social que permita el retorno de las libertades, el progreso del pensamiento crítico y que signifique el retroceso de las creencias sin fundamento y el dogmatismo.

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