[EDITORIAL] Tía María y el mismo cuento de siempre

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La semana pasada se produjo un confuso incidente con el proyecto minero Tía María en Arequipa. Pocas horas después de que el vocero de Southern Perú anunciara su retiro de la región, la ministra de Energía y Minas, señaló que la empresa se rectificaría, cosa que efectivamente sucedió más tarde. Queda la interrogante sin embargo, de qué es lo que verdaderamente ocurrió tras bambalinas. ¿Fue esta una confusión por parte del vocero? ¿O es que acaso el Gobierno tuvo que interceder de manera frenética para que el proyecto no sea abandonado? Cabe incluso la posibilidad de que Southern, en una jugada arriesgada, haya querido poner contra las cuerdas al Gobierno para asegurarse un respaldo más decidido frente a las protestas de las últimas semanas. En todo caso, lo sucedido con Tía María es un nuevo síntoma de un país frágil en lo político, social y económico, así como de un gobierno débil que ha demostrado no tener liderazgo ni un norte claro.

Lo de Tía María terminó enrareciendo aún más el ambiente para un Gobierno que se encuentra acorralado entre el escándalo de la DINI, la actual crisis del Gabinete Ministerial, las acusaciones del prófugo Martín Belaúnde y los desastres que el Fenómeno del Niño ya está causando. El actual mandatario es ahora un “pato rengo” que tan solo se limita ahora a administrar el tiempo que le queda. En ese sentido, el régimen humalista es responsable de su propia debacle.

Por otro lado, en este diario consideramos que es imprescindible decir la verdad con todas sus letras: “La minería ha sido el motor de desarrollo del Perú en general y de Arequipa en particular y aquel que lo niegue no habla con la verdad”. Pero, junto con ello hay que reconocer también que no todas las empresas mineras han actuado correctamente y el rechazo de la población en muchos casos ha sido no a la minería como tal, sino a determinadas empresas mineras con denominación propia. Como con Yanacocha en Cajamarca (región que alberga a otras mineras), el rechazo a Southern Perú en algunas zonas de Arequipa contrasta con la aprobación con la que cuentan otros proyectos mineros (Cerro Verde es tal vez el ejemplo más elocuente). Aquí se puede ver claramente que el rechazo de la población no es a la actividad minera en sí misma sino en las empresas involucradas, las cuales cuentan con un historial discutible. Esto es importante, pues mientras algunos colegas en la izquierda pretenden hacer creer que la conflictividad social es un síntoma de un modelo económico en crisis, esto está muy lejos de la verdad. Southern también tiene responsabilidad sobre muchos de los últimos acontecimientos, pues como empresa, no es un buen ejemplo de una actividad extractiva que, bien ejecutada, genera progreso para todos.

Este escenario –como siempre suele ocurrir- es aprovechado por varios grupos antimineros que lucran con la pobreza y desinformación de la gente y denuncian un conflicto social que para ellos es en realidad su proyecto político. A diferencia de 2011, cuando las protestas hicieron al proyecto retroceder, la economía peruana ya no cuenta con altos precios internacionales que maquillen volúmenes de producción más modestos. En un entorno menos amigable el costo de la conflictividad social será mayor que antes. Así como hay quienes se oponen a la actividad minera, y están en su legítimo derecho, existen muchos a favor que deben alzar su voz. De acuerdo a la ONG Grupo Diálogo Minería y Desarrollo Sostenible, entre 30% y 40% de la población local se opone a Tía María. Eso deja a 60% o 70% restante cuyo silencio puede tornarse muy costoso. Es hora que se hagan escuchar o la responsabilidad también será suya.