Tiempo de bárbaros, por Jorge Luis Godenzi

«'Quien pudiéndolo hacer no impide que se cometa un crimen, lo instiga' Séneca»

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Hemos asistido atónitos a la trágica noticia del día sábado 7 de octubre ocurrida en Tierra Santa donde fueron vilmente asesinados niños, adultos, ancianos y por malsana añadidura algunos bebés degollados al ritmo de ¡Alá es el más grande! por parte de los terroristas antisemitas de Hamás.

En una romería a la crueldad y con exhibición ‘medievalesca’ esa gusanera organización tuvo la impudicia de pasear los cuerpos de soldados israelíes sin cabeza, así como mujeres desnudadas y desarticuladas en camionetas, luciéndolos como trofeos de caza, lo cual describe un nivel de barbarie solo comparable con el Holocausto.

La Franja de Gaza es uno de los lugares más pobres y políticamente más reprimidos del mundo desde que Hamás – variante palestina de la Hermandad Musulmana – se hizo con el poder en 2007. Tiene apenas una superficie de 360 kilómetros cuadrados y su población asciende a 2,1 millones de palestinos, de modo que es uno de los territorios con mayor densidad poblacional del mundo, con más de 4.700 habitantes por Km cuadrado.

Por otro lado, Israel, que le asiste el legítimo derecho a defenderse, mantiene a toda la Franja de Gaza completamente cercada y ha respondido a la cobarde agresión de Hamás con incesantes e implacables bombardeos cuyos mortíferos resultados ya han comenzado a verse, con centenares de víctimas civiles palestinas; y entre el llanto y los testimonios de miseria y dolor que agobia a tanta gente, se leen las declaraciones del ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, que ha manifestado que el ejército israelí tiene la intención de tratar a los civiles palestinos como infrahumanos, diciendo: “Estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia.»

Es en esa lógica brutal lo que después le permitió decir: “He ordenado un asedio completo a la Franja de Gaza. No habrá electricidad, ni comida, ni combustible, todo está cerrado”. Otro ministro, el de Finanzas, Bezalel Smotrich, ha afirmado: “Tenemos que ser crueles ahora y no considerar demasiado a los cautivos.”

Nadie, por muchos motivos que puedan tener, debe arrogarse la atribución de deshumanizar a un pueblo. Los pobladores de la Franja de Gaza son iguales en derechos y dignidad que cualquier otro habitante del planeta, y sus vidas y dignidad deben ser preservadas bajo cualquier circunstancia.

Cuando el objetivo de matar a tantos palestinos como sea posible significa para el gobierno israelí vengarse del artero ataque sufrido, está claro que solo sirve para causar otro daño irreparable e injusto que de hecho avivará la retórica antisemita de Hamás para que después le sirva como coartada y perpetren nuevas atrocidades.

Israel es un Estado que tiene derecho a defenderse de cualquier agresión que sufra, pero incluso en esas dramáticas circunstancias está obligado a respetar las leyes que enmarca el derecho internacional.

En una época como la actual, en el que las guerras y los conflictos armados están a la orden del día resulta imperativo revalorizar el Derecho Internacional que como creación de la Escuela de Salamanca, pretende humanizar la guerra, impidiendo que la barbarie se entronice en desmedro de las leyes internacionales cuya finalidad última es consagrar a través de los tratados internacionales que los Estados cumplan con la impostergable obligación de proteger a la  población y la infraestructura, cualquiera sea la clase de conflicto armado que se produzca, puesto que desde la perspectiva humanitaria una cosa es la guerra y otra muy diferente la barbarie, que delinea la noción de lo que se define como crimen de guerra, que es la crueldad infinita y manifestación inhumana e ilegítima de salvajismo.

El enfrentamiento entre Israel y Palestina es un conflicto enquistado desde hace décadas que acaba de retornar y que pone en peligro la estabilidad mundial. Por eso la comunidad internacional tiene la obligación de implicarse en esta gravísima cuestión que trasciende las fronteras de medio oriente. Y de esforzarse en conseguir una solución pacífica y justa por difícil que se presente la tarea, de lo contrario la barbarie habrá regresado con más bríos que nunca.