Tiempos, por Carlos Rosas

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La primera vez que tuve conocimiento de Susana Villarán fue el 2006: vivía en Trujillo y los stickers de su candidatura presidencial habían llegado hasta la línea de combis que tomaba para ir al colegio. El 2010, año en el que vine a radicar en Lima y cursar el tercero de secundaria la vi nuevamente; esta vez, junto a Lourdes Flores encabezando las encuestas y, naturalmente, ganando al final en octubre de ese año. Recuerdo haber empezado un blog en esa época con unos amigos del colegio y haber discutido sobre quién de las dos nos parecía la mejor; después terminábamos pensando que la primera por tener una campaña realmente austera era la más indicada. Lo mismo decía mi familia con quienes vivía en Villa El Salvador.

A Susana la conocí en diciembre del 2015. Era un domingo tranquilo que me sorprendió temprano con la noticia que ella integraría la plancha del Partido Nacionalista. La acompañé en su presentación oficial en Huaycán con la misma ilusión con la que siendo menor de edad fui personero por el No a la revocatoria y activista para su reelección a la alcaldía de Lima. En ese momento, muchos de los amigos y amigas jóvenes con quienes activamos en Diálogo Vecinal ya no estaban. A muchos les desilusionaba que estuviera Urresti encabezando la lista, a mí me bastaba con que ella pudiera tener una curul: era necesario fiscalizar la continuidad de las reformas en Lima desde un espacio institucional y el Congreso parecía ser una buena opción. En casi todas las campañas en las que me he involucrado he dejado todas mis energías y aquella no fue la excepción. Gran tristeza hubo el día en que el Comité Ejecutivo Nacional del nacionalismo optó por un cálculo político en retirar todas sus candidaturas. A los pocos meses, fuimos a marchar contra lo que podía significar que Keiko Fujimori llegara a la presidencia en la Plaza San Martín.

Hace dos días el juez Chávez Tamariz acaba de darle dieciocho meses de prisión preventiva. Me parece injusto en la medida de que para que vaya a la cárcel ahora deben cumplirse no solo los elementos de convicción y la prognosis de la pena, sino además el riesgo procesal. Y sobre esto último, es de conocimiento público que ha asistido a todas sus citas, acudía cada treinta días a firmar y no ha apelado ni al impedimento de salida que se le impuso ni a la comparecencia con restricciones. La Fiscalía alega que existió renuencia de su parte, bueno, el tiempo lo dirá.

Horas antes de que se dé esta resolución, en su única intervención Susana dijo que apoya el trabajo respetable del Poder Judicial, justicia por la que luchó en las calles durante el régimen fujimorista. Estoy seguro que somos muchos los que la suscribimos y más allá de la ideología política en la que nos ubiquemos, es importante no perder la brújula y hacerlo presente. Si de algo, creo, ella se diferencia de los demás políticos investigados en el caso Lava Jato es, precisamente, por estar en la línea de la justicia peruana y haber dicho una verdad necesaria para que este proceso termine pronto.

Es inevitable no tener muchos sentimientos encontrados cuando quien fue tu motivación para iniciar en el activismo político hoy está en el Penal Anexo de Mujeres de Chorrillos. Por ello, esta frase de Rosa María Palacios viene a mi mente: “Y Villarán puede ser muchas cosas, pero no es ladrona (…). No todos son corruptos como Castañeda”. Rosa María sigue pensando lo mismo y yo también. Si tienen ya la información suficiente en este caso, ¿qué espera Rafael Vela Barba junto a su equipo para formular la acusación contra Susana? Ni Keiko ni PPK ni Ollanta ni Nadine ni Susana deberían haber tenido o tener prisión preventiva sin acusación formal. No sucedió ello ni siquiera con Lula Da Silva y acá sí. Que el juicio oral venga ya.

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