Todo está consumado, por Franco Mori Petrovich

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Muchos jóvenes acudimos con gran expectativa a la tan promocionada marcha #LaEducaciónSeRespeta, a ver si llegábamos a conformar un importante contingente civil en contra dle abuso fujimorista de la censura a Jaime Saavedra. Lamentablemente, no se logró lo esperado: La concurrencia fue menor a la de protestas anteriores; se confundieron los objetivos y hubo una tremenda ausencia de líderes políticos.

Los motivos que me llevan a marchar no son tan afines a los del resto: Yo simplemente considero que la gestión de Saavedra es nueva y que todo lo trabajado hasta julio de este año no contaba con el respaldo del gobierno anterior. Él estaba pintado en el gabinete Humala, pero se empoderó tras el juramento de Kuczynski. Botarlo cuando ni si quiera ha finalizado el 2016 es realmente el abuso de poder de la mayoría congresal.

Sin embargo, pese a la variedad de razones que nos llevaron a marchar ayer, era evidente que la concurrencia era abismalmente menor a eventos anteriores. Bastaba con detenerse un rato y esperar no más de quince minutos para notar que la masa de gente terminaba pronto. No dudo de que aquellas fotografías panorámicas fueron capturadas en el preciso instante en que la masa se alargó de manera tal que daba la impresión que acaparaban cuadras de cuadras. Pero tampoco pretendo subestimar el número de quienes acudimos al llamado: A ojo de buen cubero, lanzaría la austera cifra de 5,000 manifestantes. Y eso. Nos hicimos presentes con toda la indignación y energía, pero fuimos pocos.

Luego, la ausencia de los congresistas de Peruanos por el Kambio (a excepción de Gino Costa y Vicente Zeballos), deja un importante mensaje al país: Que no les importa, que ya fue Saavedra porque no lo salva ni Dios. En otras palabras, que ya todo está consumado. Así las cosas, no veo cómo se hará respetar una bancada oficialista cuya incursión en el ámbito social es casi nula. ¡Pobre Saavedra! al tacho se fue la última posibilidad de ser defendido por el oficialismo porque aquellos que deberían fungir de alfiles del Ejecutivo arrojaron la toalla por completo.

Y como todo está consumado, ya no importan los objetivos. Más que una movilización en defensa de la educación parecía un mercado de marchas, donde cada quién promocionaba su causa: “No a Keiko”; “Unión Civil Ya!”; “Aborto legal”; “estado laico”; “frente amplio”; “fernando olivera”; “CGTP”; etc. Abundaron las pancartas colorinches para promocionarse como colectivos, causas y proyectos ajenos al sector educación.

Finalmente, si somos capaces de rechazar aquella violencia y autoritarismo de los años noventa, no veo por qué el motivo de agredir a la Policía Nacional. Presencié un momento en que alguien lanzó desperdicios contra un policía que evitaba el paso a la avenida Abancay con rumbo a la sede del Parlamento. ¿Con qué cara exigimos paz si usamos la violencia como medio? ¿Qué culpa tiene la Policía? Indignados estamos todos y queremos que el buen ministro se mantenga en su cargo, pero aquél servidor de seguridad no merece ser tratado así.

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