Todos somos San Bernardino, por Enrique Banús

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28 y 27 años. Una niña de 6 meses. La dejan en casa de la abuela alegando una cita médica, van a su casa, se cambian de ropa, toman de su arsenal las armas y cientos de proyectiles y alguna bomba de fabricación casera siguiendo instrucciones que encuentran en internet, van a un centro que atiende discapacitados psíquicos y disparan disparan disparan.

Atónitos asistimos a una perversión cada vez mayor. De unas personas que llevaban para atentar a un país que odiaban a personas crecidas en el país que odian lo que les rodea, que les parece pecaminoso, decadente, lobos solitarios, muchas veces en condiciones desestructuradas. Pero, ¿aquí? Padres de una niña de 6 meses, parece que pensaran en un futuro, en un proyecto común. Y atacan un centro que ayuda a una población vulnerable: discapacitados. ¿Qué mente se encierra detrás de esto? Hay un momento en que el estupor es ha casi mayor que el horror.

Además, parece que no forman parte de una célula ni han recibido orden alguna. Se han -dicen los investigadores- autorradicalizado, con internet como aliado. ¿Qué ha sucedido en estas mentes? Ahora escriben algunos medios que él en su infancia vivió entre terribles peleas de sus padres. ¿También aquí un trasfondo de desarraigo?

¿Qué hacer ante esta situación? Más atención ciudadana, desde luego. En la Alemania de finales del siglo pasado los terroristas cayeron básicamente por la observación de los vecinos, que transmitían a la policía lo que les parecía sospechoso. ¿Cómo conseguir que esa atención ciudadana no derive en desconfianza incluso aversión frente a toda apariencia similar a la de estos terroristas? Difícil gestionar ese equilibrio para los políticos, los medios de comunicación, los sistemas educativos…

Entre la víctimas, varios nombres hispanos, uno vietnamita, uno se origen alemán, padre de seis hijos. Y una iraní, que escapó se allí a los 18 años por el rigorismo que se estaba imponiendo.

Mientras tanto, horror también ante el espectáculo dado por algunas cadenas se televisión entrando en la casa de los autores de la masacre como si se tratara del día de rebajas en los grandes almacenes, a ver quién encuentra la prensa más preciada. Tres cadenas en competencia, mostrando primeros planos de documentos personales, también fotografías de personas completamente ajenas a los hechos. Morbo y competencia a ver quién hace el directo más directo. Luego, ante protestas, tibias explicaciones, casi nunca disculpas.

Sí, occidente aporta datos para ser considerada decadente. Pero eso no es motivo para masacrar a nadie. A no ser que uno crea que puede resultar de un mandato divino. Es hora de estudiar también el concepto de Dios del Islam. Empieza en el catolicismo el año de la misericordia. ¿Llegará el mensaje a las mente de gente que lleva a su hijita con sus abuelos y se va a matar a gente que cuida discapacitados?