Trabajos Forzados, por Pablo Ferreyros

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Si le dijeran que será obligado a trabajar en una fabrica porque la patria necesita fuerza laboral ¿Qué pensaría? ¿Este “servicio industrial obligatorio” no le haría pensar en el totalitarismo soviético? Y si mas bien le dijeran que debe hacerlo porque eso  lo formará y alejará de los vicios ¿No lo rechazaría como algo totalmente dictatorial? ¿No le recordaría a la idea de reeducación mediante el trabajo tan querida por tiranos como Mao y Pol Pot?

Pues estos dos argumentos son precisamente los mas usados por quienes apoyan al servicio militar obligatorio, entre ellos Alejandro Toledo. Este expresidente, en efecto, opinó la semana pasada  que debería militarizarse la seguridad ciudadana y restaurarse la conscripción militar forzosa.  Sobre la primera de sus propuestas de tufillo autoritario ya hemos hablado antes, critiquemos ahora a la segunda.

Pensar que la educación militar tenga ventaja sobre otras ya es de por sí bastante cuestionable.  ¿En qué ayuda aprender a obedecer ordenes de manera irreflexiva? Quienes no quieran complicarse con La banalidad del mal pueden pensar en el propio Humala. Tampoco hay mayores ventajas cuando hablamos de la utilidad para el país: las fuerzas armadas necesitan ser profesionales y bien preparadas, no formadas por conscriptos que son todo lo contrario a eso, carne de cañón. Podría hablarse de la utilidad de la las levas en caso de guerra inminente o en curso; pero de no ser esa la situación lo mas adecuado sería que los militares hagan carrera (como debería ser en la función publica)  y tengan adecuada formación.  Esto es especialmente cierto en un tiempo de guerra tecnificada como el actual.

El asunto de fondo, no obstante, no está en las consideraciones utilitarias sino en lo profundamente inmoral que resulta obligar a alguien a hacer un determinado trabajo en contra de su voluntad. Francisco Tudela nos recuerda que el servicio militar tiene un origen dictatorial: fue inventado por el Gobierno del Terror que siguió a la revolución francesa.   Esta lógica, dictatorial, es la que se mantiene en los argumentos que lo apoyan hoy, tanto en creer que el Estado puede obligarnos a servirlo con excusas patrioteras  como en que los burócratas de turno saben mejor que nadie lo que es bueno para cada uno. En tanto trabajo forzado, después de todo, el servicio militar obligatorio no es muy diferente de la esclavitud.

¿Se habrá vuelto Toledo un aspirante a autócrata? No lo creemos. Suponemos, simplemente, que sabe lo políticamente desgastado que llega al 2016 y está desesperado por subir algunos puntos en las encuestas. Pero no, estimado Toledo, no eres Trump. Decir estupideces no necesariamente te va a hacer ganar votos.