Tres damas y una reina, por Franco Mori Petrovich

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Cuando, en diciembre de 2011, se planteó desde el Congreso de la República un posible interrogatorio contra la exprimera dama Pilar Nores en su calidad de responsable del programa “Sembrando” (ejecutado en el segundo gobierno de Alan García); nadie se opuso más que los apristas. Desde la ciudadanía y desde casi todas las esferas políticas, había consenso de que debía desmantelarse la corruptela maquinada durante los años que gobernó su esposo, y por ello, invitar a cualquier persona que pudiera dar alguna luz en el caso. No hubo ningún Sheput ni Violeta que se opusiera.

Un poco más atrás, en setiembre del 2006, cuando la bancada “Unión Por el Perú” cursó una moción para establecer un grupo parlamentario que investigue a Eliane Karp, junto al hoy prófugo expresidente Alejandro Toledo, por presuntas gestiones corruptas en la Comisión Nacional de Pueblos Andinos y Amazónicos (CONAPA), entre otros tantos temas; nadie se indignó y, más bien, aplaudieron que al fin se dispusiera investigar toda esa enredadera de actos ilícitos que hoy salen a la luz con notable madurez por parte del Ministerio Público. Por su puesto, en aquél entonces, Kenji Fujimori era tan joven como para victimizar a la exprimera dama o Gino Costa era tan toledista como para saludar este democrático gesto del Parlamento.

Nadine Heredia, hoy con prisión preventiva mientras se prepara el juicio en su contra por presuntos actos de corrupción, asistió más de una vez al Palacio Legislativo. En calidad de testigo, primero, y de investigada, después, se enfrentó a apasionados legisladores que no la trataron precisamente con cordialidad y, más bien, fue señalada de haber cometido una serie de delitos. La prueba más fidedigna: sus agendas, su firma. Pero su caso –más escandaloso que el de las damas anteriores- generó tanta indignación que pocos miembros del extinto Partido Nacionalista se pronunciaron en su defensa. Su presencia ante el Congreso prácticamente generaba placer en varios analistas políticos, exministros y parlamentarios: Era justa su interrogatorio público, así sea madre de tres niños y esposa del entonces Dignatario.

Hoy, con la actual Primera Dama, Nancy Lange, se busca conocer sus descargos por haber sido socia de Latin America Enterprise, empresa que de alguna forma habría estado vinculada a Odebrecht entre los años 2005 y 2006. Lo que la diferencia de las anteriores es que nadie dice que sea corrupta, sin embargo, sobran las voces desde distintas tiendas políticas que se oponen a su presentación ante el Poder Legislativo.

Con todo esto mi pregunta es ¿por qué sí era correcto interrogar, fiscalizar y poner en situaciones incómodas a las exprimeras damas y, en cambio, resulta denigrante y un golpe bajo que Nancy Lancy se haga presente ante la comisión Lava Jato? ¿Qué corona tiene para eximirse de cualquier investigación?

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