Tres fotos de las Fuerzas Armadas, por Federico Prieto Celi

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Las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional no son deliberantes. Están subordinadas al poder constitucional (art. 169). Esto dice la Constitución. Yo he sido contrario a la dictadura militar, desde el principio hasta el fin (1968-1980). Pero soy partidario de la función que les corresponde: Las Fuerzas Armadas tienen como finalidad primordial garantizar la independencia, la soberanía y la integridad territorial de la República. Asumen el control del orden interno de conformidad con el artículo 137 de la Constitución (art. 165). El mencionado art. 137 se refiere al estado de emergencia y el estado de sitio.

Las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional no son deliberantes en política; sí lo son en el cumplimiento de sus funciones, como ocurre con cualquier otra institución de la República. Yo pienso que los comandos de las Fuerzas Armadas debieron negarse a ponerse mandiles y tomarse una foto (primera), para darle gusto a las feministas, porque esa no es una función que les corresponde. 

Yo pienso que si los comandos fueron citados a palacio por el presidente de la República cuando cerró el parlamento anterior y por sorpresa se tomó una foto (segunda) con ellos. No podían negarse, puesto que es el jefe constitucional de las Fuerzas Armadas como poder ejecutivo. Pero sí eran deliberantes, en ese caso, para ir a continuación al Congreso y tomarse otra foto con el presidente de la mesa directiva; y hacer lo mismo con el presidente del poder judicial. La deliberación era válida, porque garantizaba la imparcialidad institucional ante los poderes del estado. No lo hicieron; deliberaron no hacerlo, y entonces se saltaron el art. 169 de la Constitución. Se decantaron por el presidente Martín Viscarra. Fueron deliberantes en política.

Así llegamos a la actualidad: la tercera foto, donde los comandos de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional aparecen respaldando al general en retiro que ostenta el cargo de presidente del consejo de ministros. Se ha dicho que ya estaban en uniforme de combate cuando los llamaron, por las tareas de protección sanitaria al servicio de la colectividad. De acuerdo, pero obedecieron al poder ejecutivo, y con ello respaldaron con ese gesto inequívocamente la no vacancia de Vizcarra. Fueron deliberantes en política. Debieron ser deliberantes en el ámbito de su competencia y decirle al primer ministro: perdón, pero no es nuestra función respaldar la gestión presidencial; no somos deliberantes en política.

El  pueblo se da cuenta que cuando el gobierno pone a los comandos entre la espada y la pared, no les deja mucho tiempo para decidir ni mucho espacio para elegir, pero es así en política. Y dicho sea de paso, muchas veces, es así también en la guerra, por lo que los comandos no deben disculparse por el delicado y fino espacio entre la deliberación política y la deliberación propia de la institución. Para eso los comandos ocupan los puestos de mando.

Los gringos llaman ‘pato cojo’, cuando su presidente que ya tiene sucesor elegido. En nuestro caso,  no lo tiene todavía, pero ya no puede escaparse de respetar las fechas de las próximas elecciones generales, entre otras cosas, porque las Fuerzas Armadas no le dejarían, salvo que se convierta en cabeza civil de una nueva dictadura militar, como a finales del siglo pasado ocurrió en Uruguay. Es, pues, un pato cojo criollo.

 

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