Tucto y su desahogo revolucionario, por Gonzalo Ramírez de la Torre

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Ya sea en una alabanza a la dictadura venezolana o en algún velado pedido de indulgencia por los terroristas que purgan pena por sus atrocidades; la izquierda nacional nos tiene acostumbrados a gestos y comentarios que nos recuerdan su añejísima entraña revolucionaria. Dichos comentarios, de hecho, parecerían ser como pequeños desahogos, brotecillos de nostalgia por la violencia librada por sus ancestros de barba y boina y que nunca pudieron ver concretada en el Perú.

Ejemplos de estos momentos de desahogo, sobran y, obviamente, le hacen un flaco favor político a la izquierda en su conjunto y, en particular, a las agrupaciones políticas que acogen a sus protagonistas. Y es que desde hace muchos años la ‘gauche’ peruana ha tratado de librarse de los fantasmas violentos de su pasado, sin embargo, resulta harto inquietante notar lo difícil que esto les resulta, justamente por la constante necesidad de “desahogo” que algunos de sus seguidores han demostrado.

El caso más reciente, y quizá el más descarado, es el protagonizado por Rogelio Tucto de la bancada del Frente Amplio. El congresista ha manifestado que, para él, el cabecilla de la banda terrorista Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, debería ser indultado. Según dice, esto debería darse en el marco de una “amnistía general” que involucre “a todas las partes”. En opinión del frenteamplista, haciendo referencia al indulto a Alberto Fujimori, la reconciliación no se puede obtener solo “cuando (se) indulta a una de las partes”.

La propuesta de Tucto es, sin duda, bastante burda. El reclamo de una simetría en los indultos concedidos para las distintas partes en la lucha contra el terror, resulta bastante estúpido. Y es que proponer que se tome una decisión claramente injusta como respuesta a otra del mismo calibre, no resulta en una anulación de la injusticia, sino en una multiplicación de esta. En esa línea, también resulta irónico que el señor sugiera esto como un mecanismo para lograr “reconciliación”, cuando muchos de sus pares ideológicos cuestionaron la medida en la que el indulto a Fujimori podría traer esta como consecuencia.

Con esto en mente, resulta bastante revelador que, en lugar de continuar con una oposición tenaz al indulto a Fujimori, Tucto haya preferido mostrarse potencialmente tolerante al mismo, siempre y cuando esto desemboque en su tan ansiada “amnistía general”. Puesto en una balanza, el parlamentario parece privilegiar ver a un terrorista libre que ver a un rival político histórico preso.

Dicho esto, lo declarado por Tucto, más que como una respuesta meditada al indulto a Fujimori, se saborea como alguien aprovechando una oportunidad para comentar algo que tenía guardado desde hace tiempo dentro de sí. Una manifestación más, si se quiere, de los desahogos que antes describíamos. Así, el congresista pasa a formar parte de una infame lista protagonizada por varios de sus correligionarios que también han sido tristemente indulgentes con el terrorismo.

Así las cosas, solo nos queda a los peruanos hacernos a la idea de que estamos condenados a seguir siendo testigos de estos desahogos revolucionarios de parte de la izquierda y recordarles a nuestros compatriotas zurdos que si quieren lograr éxito político en una elección futura, deben deshacerse de cualquier vestigio de añoranza por una revolución violenta.

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