Tumbarlo a como dé lugar, por Franco Mori Petrovich

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Se veía venir, ¿no? Julio Guzmán, el aclamado outsider cuyo crecimiento ambicioso en las encuestas se dio en un abrir y cerrar de ojos, gracias a un discurso bien nutrido de ideas nuevas y explicadas en ‘sencillo’; hoy atraviesa una fuerte crisis que los medios y fuerzas políticas no dudaron en aprovechar. Y no voy a votar por él, para que no crean que le estoy haciendo una lustrada de zapatos con lo que viene.

Es que la campaña de demolición viene siendo tremenda, voluptuosa. Ha recibido golpes de todo tipo y no puedo dejar pasar de largo hasta las mentiras que se están elucubrando en su contra. O sea, una de ellas, que pasó la noche en el Bolívar y no en el campamento junto a sus correligionarios. ¿Cómo era eso posible si la prensa lo vigiló toda la noche en la carpa? Se trató de un falso rumor (creo que lanzado por alguien de El Comercio), que lamentablemente se ha viralizado como cuando se descubrieron las agendas de Nadine.

Precisamente, hablando de ella, ¿desde qué momento son amigos? ¿Qué foto demuestra que son compinches, chocheras o, ya, secuaces? No, pues. Una cosa es que, sí, efectivamente el candidato Guzmán haya participado en un evento del Partido Nacionalista no siendo miembro de este, y otra muy distinta pero bien grave, concluir que el de Todos Por el Perú es el candidato de la Primera Dama. No existe prueba de vinculación y por lo pronto se ha explicado que el líder morado si quiera ha tenido la oportunidad de entablar un diálogo con Heredia Alarcón alguna vez en su vida.

No sé que tanto se le pueda inculpar moralmente por haber sido funcionario del actual gobierno, pero valoro la prontitud de su salida. Porque, a ver, sí sería bien hipócrita un candidato que haya sido funcionario y militante del humalismo durante años y, al encontrar la oportunidad de dar un salto para aspirar al sillón presidencial, renuncie y critique con todas las vocales al gobierno al cual sirvió con sus buenas lustradas de zapatos. Sépan, de una vez, actualmente hay una candidata presidencial que carga con este antecedente.

Guzmán, no. Él ha venido caminando a paso lento pero seguro, y casi hacia el final de la contienda corrió hasta chocarse con las poderosas portátiles cuyos contactos están hasta en los medios de comunicación y en las instituciones de Justicia. No vamos a negar ahora que hay magistrados que simpatizan por alguna tendencia política tradicional, como tampoco vamos a desmentir que ciertos líderes de opinión participan en uno que otro evento de sus amigos expresidentes. Si no, lo cierto es que en estas elecciones se nos presenta el ‘newbie’ que no tiene amigos con poder, enfrentado a toda una maquinaria bien enraizada en el Estado y, pues, tiene todas las de perder única y exclusivamente por estar dirigiendo una campaña sin anticuchos, lo cual seguramente revienta a muchos de sus contendores. Hay que tumbarlo a como dé lugar, así no esté involucrado en casos de corrupción, como sus cercanos opositores.

Encima, acaba de ser pública una desconcertante denuncia por soborno contra los cinco magistrados del Jurado Nacional de Elecciones, de los cuales tres votaron a favor (o sea, mayoría), de la resolución que declara improcedente la inscripción del Comité Ejecutivo Nacional y Tribunal Electoral del partido de Guzmán. Si el denunciante, Raúl Arca, llega a confirmar las pruebas necesarias para validar su denuncia, ya podríamos concluir que nuestras instituciones de justicia están (desde hace tiempo), podridas. Si no, ¿por qué no persiguen a Alan, Keiko y Acuña si también han presentado irregularidades iguales o más graves que la que persigue al líder morado?

Si he decidido no votar por Guzmán no es debido al escándalo maquinado sino por muchas de sus ideas de gobierno, que considero no apropiadas para la realidad de nuestro país.

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