Un círculo vicioso aparentemente inevitable

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La última publicación del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA por sus siglas en inglés), realizada en 2012 y en la que participaron 65 países, llegó a la no tan sorpresiva conclusión de que el Perú  es el país con la peor educación de la muestra. De las tres categorías evaluadas (Matemáticas, lectura y ciencias) logramos consistentemente la peor nota en cada una, es decir, somos algo así como el país con la peor educación del “mundo”. Suena terrible pero los números no mienten. Sin embargo considero que hay que contextualizar el hallazgo.

Existe una relación directa entre el nivel de riqueza de un país y el resultado obtenido en la prueba: Mientras mayor es el PBI per cápita mejor es el resultado, lo que evidencia que los países que cuentan con más recursos disponibles para invertir en educación en efecto logran educar mejor a su gente. De los 65 países evaluados el Perú es uno de los que tiene el PBI per cápita más bajo, por lo que pareciera que nuestra posición relativa responde exclusivamente a un tema circunstancial: Nuestra educación es tan pobre como nuestros ingresos. Y la verdad es que es totalmente cierto y aparentemente sucede lo mismo en el resto del mundo. Sólo para que nos demos una idea de qué tan lejos nos encontramos, un 76% de nuestros niños obtuvo en matemáticas una nota por debajo del nivel básico (versus un 23% del promedio) y sólo un 0.6% fue sobresaliente (versus un 12.6% del promedio). Ni nos comparemos contra los primeros puestos donde por ejemplo Japón tiene un 11.1% y un 23.1% respectivamente o Suiza un 12.4% y un 21.4%.

Al margen de todos estos números, la conclusión es que estamos a décadas de distancia del resto del mundo, incluso del mundo emergente, y si no buscamos una solución que vaya más allá de lo evidente lo más probable es que en diez años seguiremos estando en el mismo lugar porque seguiremos siendo más pobres que el resto. Y como si el problema de nuestros alumnos no fuera lo suficientemente serio, los resultados de la evaluación interna que se hizo a nuestros maestros fueron incluso peores. Casi intuitivamente le podemos atribuir la responsabilidad a ellos. ¿Cómo es que nuestro niños van a aprender a sumar si los maestros no saben sumar? ¿Cómo van a aprender a leer si los maestros no saben leer? Estamos frente a un circulo vicioso en donde el maestro cuando fue niño aprendió tan bien como nuestros niños aprenden hoy de ellos.

Desde mi punto de vista si queremos obtener resultados que nos permitan salir de esa triste realidad en la que la generación de riqueza actual determina la calidad de la educación de hoy y de mañana, debemos de tomar medidas no ortodoxas. Primero debemos de comenzar a gastar más en educación así tengamos que comenzar un proceso de financiamiento de un mayor déficit fiscal con deuda. Debemos de considerar de una vez por todas a la educación como una inversión que nos permitirá tener mayores recursos mañana con los que podremos responder a los mayores pagos futuros de deuda. El Perú gasta menos de 1,000 dólares por alumno por año mientras que Brasil gasta cuatro veces más, Chile gasta cinco veces más, Estados Unidos y Suiza gastan 18 veces más. Por supuesto que el gasto tiene que ser eficaz y de ninguna manera podemos darnos el lujo, como en antaño, de endeudarnos en proyectos no sostenibles. Felizmente la educación ha demostrado ser quizá la mejor inversión que un país puede hacer.

¿Pero cómo hacemos para educar mejor a nuestros niños hoy si no tenemos buenos maestros hoy? Quién responda esa pregunta merece el sillón ministerial. Quizá tengamos que atraer provisionalmente a profesionales de otras disciplinas: Ingenieros, sicólogos, administradores, antropólogos. En salarios se gastará al inicio nuestra mayor inversión en educación. Los resultados de PISA evidenciaron que los países más exitosos en la prueba son aquellos que valoran más a sus maestros, no sólo salarialmente sino también profesionalmente. En Finlandia por ejemplo, país que ocupó el puesto 12 en matemáticas, el 5 en lectura y el 5 en ciencias; los profesores son reconocidos como la élite profesional del país y son muy bien pagados. Adicionalmente el sistema confía tanto en la buena formación que tienen que no los evalúa.

Sea cual sea el camino que se tome, debemos de reaccionar y salir de ese preocupante letargo que sufrimos cuando la discusión de educación se trata. Todo lo que decidamos hoy se reflejará recién en diez años así que más vale que nos apuremos para ver mejores resultados en el 2025. Quizá nos llevemos una grata sorpresa cuando no sólo veamos mejores resultados en la prueba PISA sino también veamos menores niveles de pobreza, delincuencia, desempleo y corrupción.  Sospecho que la educación algo tiene que ver con todo eso…