Un Mundo de Clase Media, por Andrés Sánchez Cárdenas

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El año pasado, el Banco Mundial publicó un reporte indicando que, por primera vez en la historia, el porcentaje de personas que viven en condiciones de pobreza extrema (menos de US$1.90 al día) a nivel mundial se situaría en menos de 10% de la población global para finales del 2015. Esta reducción sostenida en las últimas décadas ha sido impulsada por una serie de factores como la liberalización de la economía, reformas estructurales, el crecimiento y la generación de empleos, el emprendimiento, entre otros factores. En consecuencia, este avance frente a la pobreza ha ocasionado que uno de los grupos socioeconómicos más relevantes para la economía y el desarrollo internacional se haya expandido de manera considerable, conforme más y más personas escalaban la pirámide socioeconómica. Nos referimos a la denominada “clase media”, a la cual millones de personas se han incorporado solo en la última década y que se estima continuará ampliándose a nivel mundial en las siguientes décadas. Pero, ¿Qué es la clase media exactamente?, ¿por qué es relevante?, ¿que consecuencias positivas y negativas implica su expansión?

Hoy en día no existe una definición universal o estandarizada para definir con exactitud quien pertenece a la clase media, ya que ciertos países y organismos tienen una definición diferente, aunque estas siempre están basadas en términos monetarios como ingresos y gastos. Por ejemplo, tanto el BID como el Banco Mundial consideran que el ingreso per cápita diario de la clase media, medido en términos de paridad de poder Adquisitivo (PPA), está entre US$10 y US$50. Por otro lado, Mckinsey define a este grupo como los que tienen ingresos anuales entre los US$16 mil y los US$ 34 mil (PPA). Por ende, es importante resaltar que si bien entre los años 2000 y 2012 aproximadamente 700 millones de personas salieron de la pobreza extrema, se debe enfatizar que una gran parte de este grupo aún sigue viviendo en situación vulnerable con ingresos bajos entre US$3 y US$10 diarios (PPA). Sin embargo, es evidente que la clase media mundial sigue creciendo de manera exponencial y que esta expansión se está concentrando sobre todo en Asia. De acuerdo a un estudio de Brookings Institution, en el 2009 el consumo de la clase media europea y la de EE.UU representaban el 38% y el 26% del consumo total de la clase media mundial respectivamente, mientras que la de Asia Pacífico el 23%, Latinoamérica el 7%, Medio Oriente el 4% y África solo el 1%. No obstante, las proyecciones del estudio indican que para el 2030 estas cifras se habrán modificado considerablemente, ya que la región Asía Pacífico pasará a representar el 59% del consumo total de la clase media mundial, dejando atrás a EE.UU con 10%, Europa con 20% y Latinoamérica con 6%. Así, el escenario en 2030 muestra un cambio sustancial tanto en la distribución como en el tamaño de las clases medias, debido a que para esa fecha aproximadamente 2,500 millones de personas se habrán incorporado a dicho grupo, principalmente en China e India. Hoy por hoy, la clase media China es la más grande del mundo y crece mucho más rápido que la de EE.UU, habiendo casi cuadruplicado sus ingresos per cápita en los últimos 20 años , según estudios de Credit Suisse. Asimismo, el vertiginoso crecimiento económico de la India también contribuirá de manera importante a la expansión de la clase media. Sin embargo, China e India no serán los únicos, puesto que países como Brasil, Turquía, Indonesia, México, Vietnam, Rusia, Sudáfrica y Filipinas también serán actores relevantes en esta expansión. El Perú también ha contribuido y continuará contribuyendo, aunque en menor medida, ya que según el BID, entre el 2005 y el 2014 la clase media peruana casi se quintuplicó, pasando de representar el 12% de la población en 2005 al 50% en 2014, unos 15.8 millones de peruanos. Para efectos prácticos, el BID define a una familia de clase media en el Perú como una con ingresos entre los S/.1,880 a los S/. 10,990 mensuales.

¿Pero que implicancias tiene está expansión a nivel mundial? Uno de los principales efectos son los cambios en los hábitos de consumo y el incremento de la demanda tanto de bienes como de servicios. Así, la denominada Curva de Engel se hace presente, ya que esta indica que conforme la población escapa de la pobreza para incorporarse a la clase media (aumentando sus ingresos), cada vez menos porcentaje de sus gastos se concentran en bienes de primera necesidad, consumiendo y demandando cada vez más artículos y servicios de lujo, no esenciales o con mayor valor agregado (como alimentos, prendas y educación de mejor calidad, autos, seguros, tecnología, etc.), cambiando sus patrones de consumo radicalmente. Este principio económico representa una gran oportunidad para las empresas, porque las clases medias suponen una importante fuente de ingresos y su expansión implica una mayor demanda de productos y servicios (no solo de subsistencia o básicos) a nivel global. Esta expansión puede ser muy beneficiosa para el desarrollo socioeconómico y traer incluso una serie de cambios y reformas importantes en países en desarrollo, ya que diversos estudios demuestran una tendencia universal cuando los ingresos de la población aumentan y ésta es la demanda por educación de calidad. En ese sentido, los estudios demuestran que al haber una clase media extensa y mejor educada, estas están más capacitadas y dispuestas a exigir más a sus autoridades, aumentando su preocupación y participación política y social. Asimismo, permite romper ciertos círculos viciosos en la sociedad, por ejemplo los índices de corrupción y el involucramiento en actividades ilícitas disminuye de forma importante, así como los embarazos precoces. Otro efecto importante de esta expansión se reflejará en la industria tecnológica, puesto que entre los años 2014 y 2020 el número de suscripciones móviles a internet a nivel mundial se duplicará y se estima que a finales de ese periodo el 70% de la población mundial tendrá un Smartphone y estará conectada a la red, lo que acelerará aún más la revolución digital.

Sin embargo, este incremento global de las clases medias también traerá una serie de retos y consecuencias negativas, debido a que es evidente que un crecimiento exponencial no solo de la población mundial sino de su poder adquisitivo traerá también un crecimiento sin precedentes del consumo global, resultando en una carga aún mayor sobre el medio ambiente y una explotación de los recursos naturales a un ritmo insostenible a largo plazo si es que los gobiernos y las corporaciones no adoptan las políticas, medidas y estrategias de eficiencia, innovación y sostenibilidad necesarias, lo que sin dudas es sumamente complicado ya que requiere de una visión y trabajo conjunto a nivel global, pero tampoco es imposible. Asimismo, otra amenaza es la teoría de la “Trampa de las Clases Medias”, la cual supone que los países pueden permanecer estancados en una situación de ingresos medios que no les permita alcanzar los estándares de una nación desarrollada, al no poder competir con los países ricos, competitivos en tecnología e innovación, ni con naciones pobres con abundante mano de obra barata. Esta dificultad para adquirir una ventaja competitiva haría que las naciones experimenten una caída considerable en sus tasas de crecimiento una vez que alcanzan un PBI per cápita entre US$12 mil y US$ 16 mil (PPA).

Se puede decir que el principal objetivo de los gobiernos es el de aumentar y garantizar la seguridad y la calidad de vida de sus habitantes, y en definitiva, gran parte de los esfuerzos de la comunidad internacional a través de organismos de cooperación, bancos de desarrollo, ONG’s, instituciones, entre otros, han apuntado hacia ese objetivo en términos generales. Sin embargo, estos esfuerzos podrían estar dirigiéndonos hacia una “ironía del desarrollo”, en la cual al mismo tiempo que expandimos la riqueza de la población también agotamos los recursos con mayor rapidez, socavando la sostenibilidad de los niveles de desarrollo alcanzados y nuestra propia existencia en el largo plazo, siempre y cuando no hagamos nada al respecto para prevenirlo.

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