Un nuevo entrampamiento, por Franco Mori Petrovich

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A Vizcarra no le faltó razón para señalar que el Perú había caído en un entrampamiento político porque el Legislativo ni el Ejecutivo daban su brazo a torcer en sus radicales posturas. Uno quería el adelanto de elecciones y #quesevayantodos, mientras que el otro, no. La Constitución, desafortunadamente, le da la última palabra al Legislativo y eso es algo que el presidente no ha querido respetar.

Ciertamente, este no ha sido el mejor Congreso. Es más, me atrevo a afirmar que ha sido el peor en lo que va de este siglo. No por su obstruccionismo, no por sus mociones de interpelación o de censura, sino por su incapacidad de dialogar y proponer soluciones al Ejecutivo para atender las principales necesidades del país. Punto aparte serían los blindajes o las dilataciones de debates sobre cuestionados padres de la patria.

Habiendo hecho este deslinde, me permito acusar que la nueva temporada que vivimos es de un entrampamiento aun peor del que teníamos: el presidente Martín Vizcarra gobernará unos meses sin congreso, es decir, sin fiscalización, regulación ni reformas constitucionales.

Algunos han señalado que corresponde a la prensa y a la sociedad civil estar vigilantes con el accionar del Ejecutivo. El problema es que gran parte de esa prensa ha respaldado a Vizcarra porque el Congreso perdió popularidad. Marketing estratégico, le dicen. Y una muestra de botón ha sido ver a varios reporteros incisivos con los congresistas, pero complacientes con el mandatario.

Vizcarra tendrá facultad legislativa sin límites a través de decretos de urgencia, lo que le permitirá dictar medidas en materia económica y financiera sobre lo que se le ocurra, sin que nadie pueda hacer nada.

A esta situación se le suman algunas interrogantes: ¿Cómo estará conformado el nuevo congreso 2020-2021? No puedo dejar de preocuparme que ante tan desprestigiados partidos de centro y de derecha, la izquierda que azuzó el cierre del Congreso y las violentas protestas contra Tía María, resulte ganadora en los comicios próximos. Así, entonces, comienzan a avizorarse con mayor notoriedad, las ideas de instaurar una asamblea constituyente, cambiar el modelo económico e importar estilos de vida de hermanas naciones que hoy afrontan crisis bastante peores que la nuestra.

La crisis no ha terminado con la disolución inconstitucional del Parlamento. Aun quedan incógnitas por resolver. Y todo esto, considerando que el Tribunal Constitucional no se ha pronunciado aún.

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