Una carta de amor a la televisión, por Guido Samame

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Huele a Spielberg, sabe a Carpenter y se siente como King. Stranger Things convoca una producción que hace 36 años no hubiera llamado mucho la atención, pero ahora sí. ¿Por qué?

Es esa sensación indescriptible que se palpitaba cuando desempolvamos ese disco o vinilo de nuestros viejos o tíos, y de repente algo de nuestra época simplemente no sonaba tan paja como la historia que además tenían estas bandas. Y no es como que nosotros, “chicos de los 90’s”, seamos huérfanos de una cultura musical. Qué pensarían Green Day, Simple Plan, Fall Out Boy o Foo Fighters, entre muchos más, si nos escucharan. No. Jamás. Ellos tienen un lugar de hueso en nuestro cuerpo: son ese esqueleto lleno de actitud rebelde y sarcástico que anhela Pokemon Go, jugaba con Total 90 en los pies y que creció sin Whats App. Nuestra literatura era Messenger y nuestra pantalla, una hoja de papel. No lloren. Es “solo” nostalgia.

Ahora, la pregunta es: ¿Stranger Things solo apela a esta poderosa arma sentimental? ¿O hay más en esta historia que no podemos entender bien porque quien habla y no tiene dientes es Dustin? Todo lo increíble que alberga este pequeño pueblo de Hawkins, Indiana; con romance y amistad, como terror, es increíble gracias a los increíbles usos de estos recursos:

Atmósfera:

¿Cómo sabemos que la serie ocurre en los 80’s? ¿Alguien en algún momento dice el año, la época, algo? Las mejores cosas definitivamente se transpiran cuando se viven y no se dicen. Esto es lo increíble, y este esfuerzo de ambientación ochentero en el 2016 va más allá de una dirección de arte que toma el closet de nuestros papás. Aquí es dónde esta serie se comienza a separar de cualquier otra. Hay estilos que dan personalidad, ropa icónica que alguien usó en un momento, un carro que era el de nuestros sueños, un peinado, etc. De ahí que la llamativa gorra de Dustin, el estilo a lo “James Dean” de Steve, El carro del ex-esposo de Joyce, las biciletas de E.T. que como Hopper dice: “son cadillacs para estos chicos”. Ninguna de estas cosas goza de tiempo gratuito en pantalla. Se muestran porque tienen una razón de ser.

En el sótano de Mike Wheeler hay un poster de The Thing (1982), en el cuarto de Jonathan Byers hay otro de Evil Dead (1981) y en el de Nancy Wheeler hay uno de Risky Business (1981). Dicen que la copia es la forma más sincera de halago, y Stranger Things no se “Cesar Acuñiza” al respecto. Las referencias están ahí, gozan de screen time en los encuadres, además de en el guión.

Stephen King brota naturalmente cuando Hopper decide investigar el supuesto cadáver de Will Byers y hace mención al libro, Cujo (1981), que está leyendo el guardia vigilando El Cuerpo (nombre también del episodio, y la reconocida novela de  1982 de King). Además, sin mencionar como están unidos esta banda increíblemente particular de niños sin dientes, con acné, nada perfectos y totalmente realistas, a lo Stand By Me (1986) –también novela de la mente de King.

Y la música no escapa a nada. Nunca. Ningún ambiente es el mismo con (siguiendo la época) la rola adecuada. De ahí que Toto con “Africa” o Foreigner con “Waiting for a Girl Like You” sean las canciones que establezcan el mood cuando Nancy y Steve están juntos.

La serie se toma una licencia increíble cuando –en el que considero es el mejor episodio– en el cuarto episodio concluyen con la supuesta muerte de Will Byers con lo que es un cover por Peter Gabriel de “Heroes”, canción original e encarnada por David Bowie. La interpretación de Gabriel es mucho más sombría y va con cómo acaba el episodio y el tono general de la serie.

Sí, yo sé, falta la canción que por muchos episodios fue el hilo conductor de toda la serie: “Should I Stay or Should I Go” de The Clash. Pero esta canción es un recurso que merece su propia categoría de cosas que hicieron increíble a la serie, en:

Las Cosas Pasan Por Algo:

¿Por qué esta canción precisamente? ¿Por qué The Clash? ¿Por qué esta canción de su repertorio? Si básicamente eran conocidos únicamente por este One Hit Wonder que era la banda sonora de un comercial de la popular marca de jeans, Levi’s, en 1991. Esta fue la canción, porque no podía ser ninguna otra. La canción SOLA es increíble por lo que es un personaje, una línea de guión constante, un motif para los más técnicos. El tema fue especialmente seleccionado porque además de ser anti-sistema, de la vena de Joy Division y The Wallflowers, también describe perfectamente la situación de Will Byers, quien atrapado en esta realidad alternativa conocida como “Upside Down” no sabe si quedarse (stay) o irse (go). Es entonces que la vemos como recurso que usa para comunicarse con su madre, Joyce Byers, cumpliendo LITERALMENTE la profecía de “la música une mundos”.

Independientemente que la canción sea un tema increíble y para el recuerdo, que toco nervio cuando sonó por primera vez en la serie, hasta cuando el casi-moribundo Will la musitaba en su “Castillo Byers”. Nada es accidental cuando está bien plasmado.

Lo mismo sucede con el casting, otra herramienta brutal de construcción de ficción. De ahí que era clave tener a Winona Ryder. Un símbolo de aquella época; muy similar a cómo Jennifer Lawrence se estableció hace unos años. Traerla no era nada accidental. En muchas maneras, Winona representó una época en los ochenta y antes, consolidándose en Beetlejuice (1988), Reality Bites (1994) y Girl, Interrupted (1999). Siendo Ryder, como Joyce Byers, esa madre preocupada que no solo ancla mundos y dimensiones, pero también épocas.

Finalmente está en este rubro, la brillante pero simple construcción de personajes. Es sencillo: Hopper perdió a su hija; la soledad lo acompaña. ¿Qué tiene que hacer Hopper durante la serie? Buscar a Will Byers, pero en verdad termina buscando a Eleven; ambos en muchas maneras como Sarah, la hija que perdió.

Sencillo, pero a la vez complejo porque el chico que buscas vive en una realidad paralela, y la chica que también buscas puede matar gente, hacer a los bullies orinarse y volcar camionetas en el aire. Ahí lo complicado. ¿Lo brillante? Como lo combinas y lo complejizas con el semblante retraído de Jonathan Byers, la perfección de Nancy Wheeler y la amistad de Mike, Lucas y Dustin con toda la extrañeza de Hawkins.

Stranger Things

Edición:

El último factor que hace a la serie tan increíble, y que prácticamente pasan todos por alto. Descrita muchas veces como el “arte que debe pasar invisible”, la edición se ocupa de acomodar y mezclar cada corte, plano, escena y hacer con transiciones y mezcla de sonidos como de música, un producto coherente y atrapante. ¿Qué “salta” de diferente en la edición de Stranger Things? En verdad no mucho, y esto también puede ser algo muy bueno, optando por saber dónde mostrar y dónde demostrar ese arte invisible que es la edición.

La mezcla de sonido es buena, pero nada envidiable hasta que se junta con el score que compuso Survivor, este grupo de Austin, Texas, encargado de usar sintetizadores retro y distintas gamas de sonido para crear el ambiente ochentero y de suspenso.

En el cine tienes de director a Iñárritu con sus cuerdas y percusión tribal y primitiva, al sonido aparte de compositor Zimmer con sus instrumentos de viento de registros increíblemente graves. Cada género y cada época tienen sus propios registros, lo mismo con los sintetizadores en los ochentas, manejando esa clave de suspenso y magnetismo que otra época no podría evocar.

El ritmo que le otorga la edición a la serie también fluye para hacer que las transiciones entre escenas tengan sentido. Si prestan atención, al finalizar cada escena de Stranger Things los personajes o la cámara van a estar haciendo un movimiento, y la siguiente escena o personajes van a seguir este, ya sea con un corte seco o con una disolvencia. Esto ayuda a que el ritmo total de un capítulo no se sienta como 44 o 51 minutos, pero mucho más breve y atrapante.

Definitivamente no estamos ante Breaking Bad (2008), True Detective (2014) o Los Sopranos (1999) –productos audiovisuales que personalmente considero como las piezas maestras de lo que son series–; Y tampoco estamos frente a la espectacularidad con la que juegan Game of Thrones y The Walking Dead. De repente un poco del feeling de Party of Five, Charmed o The O.C.

La respuesta no la sé, y tampoco quiero averiguarla porque lo que acabamos de ver en 8 episodios nunca se había dado hasta ahora, y creo que como hicieron las series que menciono líneas arriba en su momento, va a cambiar para siempre el rumbo de lo que considerábamos televisión –qué como dije antes, quizá ya ni se siga llamadno así…