Una carta para Venezuela, por Oscar Segura

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Si hay un consenso tanto de la derecha como la izquierda latinoamericana es que la situación en Venezuela es crítica, la crisis económica y política es innegable por lo que la solución debe ser de un agente externo, así pareció entenderlo en secretario general de la OEA, Luis Almagro, quien invocó a emplear la Carta Democrática para poner solución a la situación en este país al que su presidente Nicolás Maduro parece llevar al límite.

El uruguayo Luis Almagro ha querido tomar el toro por las astas y se ha convertido en el primer secretario general de esta organización en emplear este documento que compromete a los países firmantes, entre ellos Venezuela, a tomar medidas para resolver infracciones a la democracia y los derechos humanos.

La invocación pide que la situación de Venezuela sea discutida por el Consejo Permanente de la OEA, basándose en el artículo 20 de la carta que considera que el organismo puede interponer sus buenos oficios en caso de una alteración del  “orden constitucional que afecte el orden democrático”.

Las infracciones a la propia constitución venezolana son la moneda corriente desde que ascendió el poder el fallecido Hugo Chávez pero se han recrudecido con el presidente Nicolás Maduro, quien ha convertido la revolución bolivariana en un régimen insostenible.

No solo es la economía que hace agua por todos lados, sino la intervención e intimidación a los otros poderes, como en el caso del presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup,  a quien se acusa judicialmente por traición a la patria y cuyo destino sería el de sumarse a los otros líderes opositores quienes están presos por acusaciones similares.

Durante más de una década el régimen chavista se ha escudado en que es un régimen legítimo elegido por voto popular, sin embargo, este argumento está tocando el límite, por lo cual Almagro está empleando la Carta Democrática para obligar al régimen a respetar su propia Constitución.

Vale recordar que este documento fue creado el 11 de setiembre del 2001, tras la caída de Alberto Fujimori, para abrir la posibilidad de presionar a los Gobiernos que tienen fachada democrática a que respeten los derechos humanos y la separación de poderes. En ese sentido tanto Fujimori y Maduro son representantes de un nuevo tipo de autoritarismo que habrá que combatir en Latinoamérica.

Por eso, la respuesta del presidente Maduro ha sido tan destemplada acusando a Almagro de agente de la CIA, pues abrir en el foro latinoamericano más importante una discusión sobre Venezuela obliga a que los países de la región le pongan plazos y presión a su régimen.

Asimismo, el intento de Almagro obligará a que los países latinoamericanos, en la quincena de junio, tomen una decisión sobre cómo proceder sobre el país llanero. Entre las medidas que probablemente se podrían plantear están el establecimiento de una misión que promueva el dialogo entre oposición y Gobierno.

Si todos los intentos de diálogo llegasen a fallar, los miembros de la OEA tendrían que discutir la posibilidad de sacar Venezuela del organismo, con las consecuencias diplomáticas y económicas que traería a este país.

Sin embargo, el juego aún está empezando. Almagro ha dado un portazo que ha tomado a muchos países por sorpresa y otros están esperando los ofrecimientos venezolanos para que el asunto quede como que es un “asunto interno”.

De esta manera, las movidas diplomáticas de Maduro no tardarán en llegar, como en el caso de Argentina que ya dijo que no apoya el uso de la Carta Democrática, a cambio de que Venezuela vote para que tenga un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Sin embargo, ¿qué más puede ofrecer Venezuela para evitar que prospere la propuesta de Almagro? Hasta hace algunos años el petróleo y una región hacia la izquierda favorecía su posición, sin embargo, los cambios políticos y económicos no parecen favorecer a que se mantenga el status-quo.

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