Una rampa móvil para Francisco, por Verushka Villavicencio

«Es simple. Francisco necesita una rampa móvil, plegable y liviana. Y los ciudadanos con discapacidad necesitan rampas accesibles, las mismas que todos los demás usaremos junto a ellos. Así la accesibilidad nos ayuda a todos a vivir con dignidad».

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Las ciudades en todo el mundo han crecido en función de las necesidades de la población. Los planes urbanos se han ido acondicionando a los ciudadanos de forma desordenada y según los criterios urbanísticos de los planificadores.

Europa lleva acondicionando la accesibilidad de sus ciudades durante décadas y tiene premios internacionales que validan el trabajo que mejora el acceso, permanencia y circulación de las personas en el espacio público. Un reconocido galardón es el Premio Ciudad Accesible 2022, organizado por la Comisión Europea y el Foro Europeo de la Discapacidad que premió a Luxemburgo, Helsinki y Barcelona como ciudades accesibles. En el caso de Luxemburgo que ganó el primer lugar, se le otorgó el premio por la accesibilidad lograda debido a la creación de autobuses de piso bajo equipados con rampas que circulan para toda la ciudad junto a anuncios visuales y de audio en los autobuses y en las paradas de autobús que facilitan información. Es decir, las personas que usan silla de ruedas ya no tienen dificultan para acceder al bus; lo mismo sucede con las personas que usan muletas, bastón o se apoyan en un acompañante para caminar. Pero además, considera la participación de los ciudadanos con discapacidad mediante consultas que ayudan a mejorar las medidas implementadas.

Pero, ¿por qué es tan importante la accesibilidad? Un ejemplo clarísimo es lo que sucede con el Papa Francisco desde hace unas semanas. Lo hemos visto esforzarse para bajar una grada dado que su rodilla está colapsada. Ese esfuerzo lastima aún más la rodilla y agudiza su dolor. Lo mismo sucede con las personas con discapacidad que se movilizan en silla de ruedas por la ciudad y se ven obligadas a usar rampas cuyas alturas demandan demasiado esfuerzo para salvarlas. Dañan su columna vertebral, lastiman sus manos y en el tiempo aceleran problemas vinculados a la circulación y funcionamiento de sus órganos vitales. Esta situación vulnera su derecho a la salud y a la accesibilidad restándoles autonomía y excluyéndolos del uso de la ciudad en igualdad de condiciones respecto a los demás ciudadanos.

Resulta increíble que los arquitectos del primer mundo no hayan diseñado una rampa móvil que pueda ayudar a Francisco a transitar y permanecer sin esforzarse, además de usar una silla de ruedas. Existen diseños de rampas plegables que ayudarían en sus desplazamientos. Este caso es un ejemplo concreto que demuestra que el “Diseño universal” sigue siendo un concepto que pasa desapercibido en la misma Europa. No son suficientes los reconocimientos para que los arquitectos e ingenieros diseñen e implementen soluciones para las ciudades que mejoren la calidad de vida de las personas. Sucede que mientras no se diseñe pensando en el uso que le dan todos los colectivos, seguiremos viendo ciudades con personas que se esfuerzan y desgastan al circular por ellas.

Es simple. Francisco necesita una rampa móvil, plegable y liviana. Y los ciudadanos con discapacidad necesitan rampas accesibles, las mismas que todos los demás usaremos junto a ellos. Así la accesibilidad nos ayuda a todos a vivir con dignidad.

 

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