Una sociedad cambiante y Ricardo Morán, por Dante Olivera

«Los que hoy usan la ley como argumento, serán los primeros de criticar a estas a futuro cuando sean contrarias a sus intereses.»

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Ha pasado un poco más de un mes desde que se dio la audiencia del caso de Ricardo Morán en el cual buena parte de la sociedad peruana prestó atención, valgan verdades, por ser un personaje reconocido en el Perú. Si bien es cierto la audiencia y el debate en cuestión se centra en cuestiones jurídicas, políticas y técnicas, el breve comentario irá más a un plano sociológico y cultural del asunto.

Una sociedad dinámica

Cuando nos referimos a la sociedad, nos estamos refiriendo a un sistema integrador de otros subsistemas, los cuales son dinámicos y centran sus estudios, principalmente, en la persona y la comunidad. Este objeto de estudio no es inmóvil ni estático, por el contrario, es dinámico y está en constante evolución (que es diferente de progreso y desarrollo). Podemos decir que la sociedad humana data de hace miles de años, pero las primeras sociedades no son las mismas que las actuales: el antiguo “Perú” y las culturas precolombinas son distintas a nuestro presente. Nada es estático en el mundo ni en la sociedad.

Dentro de esta dinámica de evolución social se encuentra el derecho, el cual está íntimamente relacionada con la cultura de su sociedad.

Derecho y cultura

Hay una dialéctica interesante entre cultura y derecho que pocas veces se reconoce: la cultura influye en la manera en cómo se entiende, se descubre y se genera el derecho, pero, al mismo tiempo, el derecho influye en cómo se componen las estructuras de una sociedad y el cambio paulatino de la cultura. Hay un entendimiento y descripción de la realidad social (ser) y una prescripción para los comportamientos sociales (deber ser). Podemos tomar como ejemplo las leyes de indias que intentaron evitar los abusos hacia los indios (descripción de la realidad y prescripción del comportamiento) y la adopción por parte del derecho de lo que hoy conocemos como servinacuy. Cultura y derecho están íntimamente ligadas

Ahora bien, esta dinámica se ha acelerado en el presente producto de la tecno ciencia (específicamente por la 4ta revolución industrial): la irrupción de la tecnología ha originado cambios en la cultura y el derecho. Al mismo tiempo, los movimientos sociales (muchas veces estigmatizados o prejuzgados) ocupan en el presente una agenda importante para el derecho y la política. En el caso Morán confluyen ambos los cambios que origina la técnica y las nuevas cuestiones sociales.

Las nuevas tecnologías como una realidad

El tema de las TERAS está en agenda desde finales del siglo pasado por la posibilidad que nos brinda las ciencias. Más allá de algunas voces que mencionan a este instrumento como un plan mundial, lo cierto es que las TERAS brindan la posibilidad (y recalco esto que a muchos les puede parecer incómodo) de la maternidad subrogada, la cual es muchas veces tomada por parejas homosexuales para lograr su proyecto de vida.

El hecho de que haya algo novedoso en la sociedad, no nos da derecho a regularla mediante el derecho (no se tiene que regularlo todo), solo se debe hacerlo con aquello que es razonable de regular y en lo cual haya un menor costo si interviene el derecho en comparación a si no interviniera. El caso de la maternidad subrogada es parte de ello y evidencia una carencia y falta de adecuación a la realidad de nuestro ordenamiento jurídico.

¿Por qué se debería regular? Porque da mayor protección y garantías a los contratantes y también porque crea un cuerpo normativo (que es lo que pidió mucho un magistrado) para la protección de derechos que pueden estar siendo vulnerados.

Los grupos minoritarios y excluidos como una realidad

Asimismo, la existencia de grupos minoritarios que por largo tiempo fueron relegados de la historia y del goce de derechos también es una oportunidad para el reconocimiento de estos e integración (no inclusión) en la sociedad, con lo cual se logran proteger sus derechos (no privilegios) personales y puedan desarrollarse como ellos gusten según su proyecto de vida, con libertad e igualdad.

Si bien la igualdad es una promesa del constitucionalismo, esta aún no está presente en todo nuestro ordenamiento (no hay que confundir igualdad con igualitarismo), pues este es, aún, de una tendencia marcadamente (y muchas veces también irracional) conservadora en algunos puntos. Basta recordar que en el código civil de 1936 que “Los varones y mujeres gozan de los mismos derechos civiles, salvo las restricciones establecidas respecto a las mujeres casadas”. En tal sentido, el reconocimiento de derechos no es “seguir los pasos de una agenda globalista”, “atentar contra la familia” o “seguir al demonio” como a veces se suele escuchar. Se debe diferenciar entre el reconocimiento de derechos de las personas vulnerables o excluidas que no pueden gozar de sus derechos que la Constitución y demás normas dictan, de un privilegium.

Doble moral, obsesión y sesgo de confirmación

Cuando se dio la audiencia, fue común ver títulos grandilocuentes de “magistrado destroza a abogado progre” o “el Perú no cede ante caprichos de la agenda global” por parte de un sector más conservador inmovilista. Nació un resentimiento u “odio” a Morán de manera irracional por el solo hecho de pretender (equivocado o no) el reconocimiento de derechos fundamentales. Esto se agravó cuando comenzó a rondar un video del antiteísmo de Morán en referencia a una vida sin Dios.

Lo primero a resaltar es cierta obsesión de un sector conservador por atacar, intolerar y censurar aquello que consideran progre (cayendo en el mismo totalitarismo de aquellos a quienes enfrentan). Bastó el hecho que Morán plantee una acción de amparo (con fundamentos equivocados o no) para que se gane el odio de aquel sector y se inicie una “cancelación”. Lo cual demuestra que puede no importar que uno tenga, efectivamente, vulneración de sus derechos si es que pertenece a la comunidad LGTB o ya es estigmatizado previamente. Esto se agrava con cierta doble moralidad del gran sector que criticó a Morán, ¿Por qué no dijeron lo mismo cuando el actual alcalde mencionó que “Ana Estrada debería matarse tirándose de un edificio” o con algún comentario similar polémico? La idea general es criticar lo incorrecto, independientemente de la persona que lo dice y si esta es afín a mí o no.

Asimismo, es curioso notar que muchos consideran que “no se debe aceptar el pedido de Morán porque no está en la ley”, volviéndose enfermos de la ley positiva, sin saber que estas mismas leyes o normas que ahora usan como argumento, en un futuro cambiarán y, siguiendo su razonamiento, tendrán que acatar lo que dice la norma (lo cual recuerda a Kelsen cuando decía que no podía juzgar a los nazis por aplicar sus leyes). Los que hoy usan la ley como argumento, serán los primeros de criticar a estas a futuro cuando sean contrarias a sus intereses.

Hacia una sociedad más abierta

El presente caso es visto como una “intromisión” a nuestra soberanía y leyes peruanas, o algo banal. Pero también como una oportunidad que permita a la ciudadanía y actores sociales poder discutir temas necesarios y existentes: TERAS, bioética, casos sui generis sobre personas homosexuales, choque e integración de culturas, etc.

Más que una situación conflictiva, me decanto por verla como una de oportunidad en la cual podemos caer en polarización, pero llegando a ciertos acuerdos o consensos que necesitamos para mejorar.

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