Unión Civil: Una cuestión política y partidaria

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El sábado último participé en la marcha por la Unión Civil realizada por colectivos ciudadanos y activistas con el objetivo de generar conciencia sobre la negación de libertades y derechos de los ciudadanos LGBTI. Si obtuve una conclusión de la jornada, fue que la comunidad LGBTI requiere participar en la política partidaria de manera urgente.

Mi participación, tanto a título personal como miembro de las Juventudes de Acción Popular —estamento dirigencial autónomo dentro del Partido que se ha pronunciado públicamente sobre este asunto— tuvo como objetivo contribuir a que la participación partidaria en la representación de intereses de las minorías se manifieste a través de gestos claros como los expresados el sábado. Fue grato y sorprendente el recibimiento de los colectivos, generalmente contrapuestos al activismo partidario. Pareciera que, finalmente, los activistas LGBTI diéronse cuenta de la relevancia de intervenir a través del “sistema” para ejercer sus derechos.

Parerciera que el archivamiento del proyecto de ley ha despertado la conciencia política de los colectivos ciudadanos, que buscaron en reiteradas ocasiones presionar al voto de los representantes políticos desde fuera del sistema, cuando en realidad la conquista social se logrará sola y únicamente desde dentro  del sistema.

Y es que, evidentemente, la decisión sobre sus derechos pasa por el sistema. El discurso habitual de quienes se ubican en el ala más izquierdista del espectro político ha tomado banderas incluso anárquicas, con el objetivo de despertar en los activistas un espíritu de reclamo anti-sistema que, a la larga, ha sido contraproducente para sus demandas.

En un sistema con partidos débiles y un esquema de representación difuso, los políticos son representantes de todos y de nadie a la vez, y a su vez, generalmente ejercen sus facultades de representación sin adhesiones partidarias de manera independiente. En otras palabras, los políticos peruanos votan según lo que mejor les parece y priorizando su interés por permanecer en el poder, más allá de su filiación partidaria. Como los partidos son débiles, éstos poco o nada pueden hacer frente a un político mediático, que hace lo que quiere todas las veces que pueda.

Se dirá que las marchas de la Ley Pulpín son un reflejo del impacto ciudadano en la votación política de los representantes en el congreso, y que esa es la razón para justificar que se ejerza el mismo tipo de presión para las demandas LGBTI. La pequeña gran diferencia entre la protesta por la Ley Pulpín y por la Ley de Unión Civil No Matrimonial, es que la primera contó con un mayoritario respaldo de la población, mientras que la segunda es apenas promovida por las minorías.

Por lo tanto, si los políticos con vocación de independientes y pertenecientes a partidos débiles tienen como objetivo ser reelectos en el 2016, ven que las encuestas muestran que un porcentaje relevante del electorado los castigará con su voto si aprueban la Ley Pulpín, velarán por su interés, y de la noche a la mañana podrán cambiar de opinión. Los oportunistas aparecerán y lo que disfrazarán como “cambio de parecer” es apenas un elemental cálculo electoral.

En contraste, si las encuestas y las demostraciones en la opinión pública muestran que una mayoría de la población está en contra de la Unión Civil, los representantes no verán en su mejor interés el votar a favor de la norma. Solamente votarán a favor aquellos congresistas que, por una razón u otra, tienen empatía ideológica o cívica con la medida. ¿El resultado? El proyecto de ley es archivado y la mayoría de congresistas se congracian con esa mayoría resistente al cambio.

Entonces, ¿cuál es la vía para promover una agenda que propicie la aprobación del Proyecto de Unión Civil? Pues no es otra que la participación política.

La comunidad LGBT debe y requiere de participar en los partidos políticos, para que, a través de las elecciones internas que se puedan llevar a cabo en los partidos que se precien de institucionales, puedan colocar dirigentes y eventualmente candidatos al Congreso. De esta manera, lo que no pudieron lograr en las calles por ser una minoría, podrán lograrlo al interior de los partidos al incidir directamente usando las reglas de juego que utilizan otros grupos de interés para elegir y ser elegidos.

Amigo, amiga LGBTI, el camino para alcanzar tu libertad e igualdad, pasa por los partidos. Conócelos, inscríbete, milita, y participa.