Urgente cambio generacional en la clase política del Perú, por Valeria Arias

«En el marco de un Estado Constitucional de Derecho, como ciudadanos no solo debemos exigir derechos; sino también, asumir deberes, y dentro de estos debe estar como pilar fundamental el construir una democracia dialógica, en la que puedan confluir todas las ideas y posturas y se logren generar consensos.»

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“Las protestas pacíficas no generan cambio”. Esta fue la declaración de la congresista Sigrid Bazán en una entrevista que ofreció a un medio de comunicación local. Al respecto, cabe formular válidamente las siguientes interrogantes ¿los cambios únicamente se generan con caos? ¿con delincuencia y con terrorismo? ¿con vulneraciones de derechos fundamentales? ¿con bloqueos de carreteras?¿sembrando miedo en la población? La respuesta a todas estas preguntas, es un rotundo no; sin embargo, al parecer, para la congresista de izquierda, esa es la única vía: alcanzar un objetivo con violencia.

La clase política que tenemos en el país está en decadencia, basta con escuchar “los debates” en el Congreso de la República. Y es que de “debate” no tiene absolutamente nada. Mientras que los parlamentarios de izquierda tienen una grabadora inserta, que lo único que repiten es “Asamblea Constituyente” y “Nueva Constitución”; los parlamentarios de derecha hacen caso omiso a la crisis social, política y pretenden quedarse en sus curules hasta el 2026, cuando ello – en cualquier escenario – resulta insensato por decir lo menos.

Por otro lado, en el Poder Ejecutivo, tenemos a una presidenta que no tiene la capacidad para poder afrontar la convulsión social por la que el país está atravesando y un primer ministro, que fue férreo defensor del expresidente Ollanta Humala, involucrado en temas de corrupción, que –
hasta la fecha – no logra entablar mesas de diálogo con resultados. No logra llegar a la población.
No logra negociar con los manifestantes que realmente anhelan un cambio. Y hago esta última  precisión porque resulta evidente que todos los que protestan no son ciudadanos que efectivamente luchan por obtener reformas que los beneficien; sino que como se ha podido observar en estas últimas semanas, dentro de los protestantes también se encuentran  delincuentes con los cuales no se debería negociar; y por el contrario, se los debería reprimir, capturar y condenar por la serie de actos vandálicos y terroristas que vienen generando en las diferentes regiones del país.

La situación actual que vivimos – sin duda – que no es la más óptima. Probablemente, esta sea la mayor crisis que afrontamos como nación en los últimos 20 años. Por tanto ¿Qué se puede hacer al respecto? Debo partir de una premisa esencial que, al parecer, tanto los congresistas como la titular del Poder Ejecutivo y los integrantes del Consejo de Ministros ignoran: los ciudadanos y representantes de izquierda, de centro y de derecha, dentro de sus propuestas, anhelan un mejor país, con oportunidades para todos, con mayores puestos de empleo, con crecimiento económico, con estabilidad política y con el fortalecimiento de la democracia (o al menos es lo que quiero creer, porque con Asamblea Constituyente, con nueva constitución, con violencia, el país se situará en una cuerda floja, un paso en falso e imperará el desorden y el caos). No avizoro un futuro prometedor en la política nacional con la clase política que tenemos (sin incurrir en una falacia de falsa generalización). El país no puede sostenerse con representantes de la calaña que están en el Congreso (con excepciones). Necesitamos un cambio, pero un cambio de verdad, un cambio desde las aulas de clase, con una mejor educación cívica, con una profunda vocación de servicio a la patria, con formación idónea a nuestros estudiantes y sobre todo con intenciones de involucrarse en los asuntos públicos del país, del cual no podemos estar de espaldas, ni ser ajenos a ellos.

Como estudiante de Derecho, en las aulas, la gran mayoría de los profesores siempre nos repiten “ustedes son el futuro de la sociedad, por eso deben formarse de la mejor manera” ¿realmente lo estamos haciendo? Quiero creer que sí. No puede ser que a largo plazo sigamos en la misma situación o incluso en una peor. En el marco de un Estado Constitucional de Derecho, como ciudadanos no solo debemos exigir derechos; sino también, asumir deberes, y dentro de estos debe estar como pilar fundamental el construir una democracia dialógica, en la que puedan confluir todas las ideas y posturas y se logren generar consensos.

Considero firmemente que, si podemos hacer ese cambio, espero no ser muy soñadora y que esta
breve reflexión tenga alguna utilidad.

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