Vacuna para todos, por Verushka Villavicencio

«Todos los ciudadanos deberíamos ponernos la camiseta de la “vacuna para todos”. El éxito de ir al encuentro del otro también radica en darle confianza y convertir el miedo en una oportunidad para la vida».

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El presidente Biden anunció que no habrá más concesiones para los que no acudan a vacunarse. “Hemos sido pacientes, pero nuestra paciencia se está agotando y su negativa nos ha costado a todos», afirmó  ante los ciudadanos americanos. El mandatario anunció que las personas que no estén vacunadas tendrán 75 días para hacerlo, de lo contrario, se enfrentarán al despido. No obstante, mencionó que se tendrán en cuenta excepciones religiosas o médicas que lo impidan.

En el Perú también se están agotando todos los recursos para convencer a la población sobre la efectividad de la vacuna. Ciertamente los esfuerzos del Ministerio de Salud no han sido suficientes frente a la avalancha de “noticias falsas” en medios masivos y redes sociales junto con la ausencia de compromiso de líderes de opinión de todas las esferas políticas, culturales, barriales, deportivas, etc. Han realizado esfuerzos, pero dispersos ante las redes sociales y medios de comunicación. Los peruanos necesitamos ver “la unidad” ante un enemigo común: la COVID-19.

Sumado a lo descrito, desde los colegios médicos no ha existido una voz con la suficiente credibilidad que enfatice que la vacuna Sinopharm cumple con limitar un desenlace fatal. Fueron 68 mil médicos vacunados y se registraron 14 fallecidos por COVID-19. Según los especialistas, se encuentra dentro de los rangos previsibles. Este hecho causa desconfianza en los ciudadanos.

Cualquier cifra de deceso preocupa. Entonces, una alternativa que se puede implementar es crear un sistema que aborde directamente a todas las personas que no han recibido la segunda dosis vía telefónica y presencialmente. Se trataría de un sistema con dos fases: llamada telefónica para constatar las razones por las cuales la persona no se vacunó y la segunda es la visita presencial cuyo objetivo es colocarle la vacuna.

Sería una buena contribución el hecho de explicarle a la población que en cualquier momento el gobierno limitará el acceso al trabajo para todas las personas que estén vacunadas con ambas dosis. Es probable que entre las razones se encuentre que algunas fallecieron. Por lo tanto, es necesario asegurarle al vacunado un monitoreo durante los siguientes días e inclusive un plan personalizado que le ayude a bajar de peso y enseñe a alimentarse sanamente para protegerlo en adelante.

Sucede que nuestra población no estaba preparada para enfrentar la muerte, menos aún para cuidar de su salud con hábitos adecuados. Por eso la obesidad, la diabetes, la hipertensión y todas las enfermedades no transmisibles han jugado en contra de la vida en esta pandemia. Los ciudadanos actúan por miedo a morir. A esto se suma que no han incorporado en su día hábitos alimenticios y actividad física que fortalezca su organismo frente al virus. Es decir, no hay una cultura de promoción de la salud a nivel nacional.

Para el médico cirujano Ernesto Zavala, profesor, investigador de la Universidad Cayetano Heredia, coautor del estudio “Medicación prehospitalaria en pacientes hospitalizados por COVID 19 en un hospital público de Lima-Perú”; los pacientes demandan medicamentos y no se conforman con la receta de paracetamol. Están acostumbrados a enfrentar la enfermedad con medicinas.

Este hallazgo se refrenda en los resultados del mencionado estudio aplicado a 132 pacientes hospitalizados, de los cuales 120 pacientes tenían diagnóstico de COVID-19. De todos ellos, 106 (80,3%) usaron fármacos antes de la admisión hospitalaria; 36 (33,9%) se automedicaron, 97 (91,5%) usaron dos o más medicamentos, siendo los antibióticos los más frecuentes (85,8%), seguido por la ivermectina (66,9%). Dentro del grupo de medicamentos sin prescripción médica, los más frecuentes fueron los antibióticos (28,3%).

“Estos resultados explican también que los médicos no necesariamente están capacitados para interpretar correctamente los estudios clínicos. Por eso existió tanta desinformación sobre la eficacia de la ivermectina en los primeros meses sumado a intereses políticos. El colegio médico debería brindar capacitaciones que nos ayuden a interpretar correctamente los estudios clínicos”, propone Zavala.

De otro lado, es interesante analizar cómo la campaña de comunicación que promueve la salud del MINSA recurrió a todos los argumentos posibles para que los ciudadanos acudan a vacunarse: dos inyecciones bailando, superhéroes y cómics. Pero no ha sido suficiente, ya que no hemos llegado a un abordaje hacia el interior de los miedos del ciudadano.

El MINSA está claramente implementando el servicio de la vacuna en todos los espacios posibles, sean públicos o privados. El gran despliegue que amplió los puntos de vacunación en todo el país se reforzó con la adquisición de buses y mototaxis para hacer accesible el servicio de la vacuna a las zonas urbanas marginales. Se desarrolló la buena práctica de vacunarse ininterrumpidamente los fines de semana. Así, las famosas “vacunatones” se extendieron también a las regiones. Además, iniciaron la inoculación en las estaciones del Metropolitano para ir al encuentro del ciudadano y cerrar brechas.

Adicionalmente, el vice ministro de Salud Pública Gustavo Rosell, anunció que en noviembre se vacunará a los adolescentes de 12 a 17 años y que están elaborando los protocolos para los niños y niñas menores de 5 años. Significa que continúan con la carrera de vacunar a toda la población. A pesar de que este miércoles es el primer día en el cual no se ha registrado ninguna muerte por el virus en el país, todavía hay cabos sueltos por resolver. Existe un millón de personas que no han recibido ninguna dosis pese a estar en el rango etario que les corresponde.

Si bien, las estrategias implementadas corresponden a un abordaje de promoción de la salud a nivel de los servicios y uso del espacio público con enfoque territorial; falta abordar el nivel de la persona y familia para que tomen la decisión de vacunarse. La palabra la tienen los líderes de opinión en todo el territorio que deberían conducir a sus grupos de influencia a la vacuna masiva. Sólo así dejaremos de ver centros de vacunación vacíos. Esta tarea es un compromiso político más allá del partido que nos simpatice. Todos los ciudadanos deberíamos ponernos la camiseta de la “vacuna para todos”. El éxito de ir al encuentro del otro también radica en darle confianza y convertir el miedo en una oportunidad para la vida.

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