Vergüenza en el Ejecutivo: el plagio de Castillo y el arribismo de Alejandro Salas, por Piero Gayozzo

«Cualquier posible infortunio o agravamiento de la situación política puede evitarse. Es momento de que el Legislativo tome conciencia y decida sobre el futuro del Ejecutivo haciendo valer sus facultades constitucionales e iniciando un juicio político contra Castillo por su evidente incapacidad moral».

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En los días anteriores un nuevo escándalo golpeó al Ejecutivo, la tesis de maestría del presidente Pedro Castillo fue sometida al programa de evaluación de coincidencias de textos Turnitin y arrojó un resultado de coincidencia de más del 50%. Con esta noticia, además de aliado de la corrupción e incompetente, Castillo también se convirtió en un maestro del plagio.

 

Para empeorar la situación del Ejecutivo, el domingo 8 de mayo, el Sr. Alejandro Salas, actual ministro de Cultura, apareció en el programa Panorama para defender lo indefendible: la tesis plagiada de Pedro Castillo. Como todo un autómata programado para defender incondicionalmente a su jefe, el ministro de cultura abandonó su dignidad, su individualidad e independencia y salió al aire a rechazar cualquier acusación contra quien lo contrató como ministro. Una muestra de excesiva lealtad, al extremo de exponerse como títere, o una calculada maniobra para mantener la cuota de poder que posee, ganar mayor influencia y congraciarse con el presidente.

 

Durante el programa se emitió un reportaje en el que se evidenciaron las deficiencias de la tesis de maestría de Castillo. Para empezar, el docente que figuraba como supuesto asesor de la tesis rechazó cualquier participación en su formulación. A ello se sumó la declaración de Karelim López quien sugirió que la obtención de la tesis fue negociada y que ni Castillo, ni su esposa, ni el encargado de tramitarla, Bruno Pacheco, habrían asistido a clases de las maestrías que poseen en la Universidad César Vallejo. También, al evaluar el texto se pudo evidenciar coincidencias con otros textos que nunca fueron citados, sino que fueron presentadas como parte del trabajo del autor, y, al menos uno de estos, tenía una extensión de 4 páginas y media. Una situación que, por decir lo menos, resulta vergonzosa.

 

Con respecto a la defensa de Salas, en todo momento sus respuestas fueron risibles. Algunos de sus malabares incluyeron el rechazo a la acusación de plagio, excusarse en la reglamentación APA, dudar del software Turnitin por no ser reconocido por el Estado peruano para la función que desempeña, e, incluso, presentar a Pedro Castillo como un alumno dedicado al que debe reconocérsele la voluntad de querer estudiar una maestría y que, por las condiciones pobres de la universidad a la que asistió, fue víctima de un sistema educativo deficiente.

 

Ante las escandalosas evidencias y las poco convincentes objeciones de Salas, Roxana Cueva, conductora de Panorama, preguntó sarcásticamente si para salvar la defensa esgrimida por el ministro, el Ejecutivo iba a esperar a que la Universidad César Vallejo emitiera un comunicado en el que reconozca que para el año 2012 su reglamento interno permitía el plagio, el nombramiento de asesores fantasma y la falsificación de resultados. Ante esto, de manera desafiante, Salas respondió que sí, era lo indicado, pues más le valía a la UCV hacerlo o pondría en cuestionamiento todas las tesis y grados otorgados durante esas fechas.

 

Este gobierno no deja de sorprender a la ciudadanía crítica. Los ocupantes de los cargos más altos del Estado no se esmeran por disimular sus pretensiones políticas, su ambición de poder, su deseo de congraciarse con los más poderoso y retener los privilegios de los que ahora gozan.  A personajes ya conocidos por su radicalismo, como el filo-senderista Guillermo Bermejo, Guido Bellido o Waldemar Cerrón, y por su arribismo, como Aníbal Torres, Modesto Montoya y el recientemente infame Félix Chero, que sigue el coro de la nueva constitución a Cerrón y la mafia chotana, se suma la inesperada defensa del ministro de cultura, Alejandro Salas.

 

Una vez más, el gobierno muestra una debilidad tremenda: la improvisación. Aunque, esta sirve para denunciarlos y ayuda a conocer las irregularidades en su interior, no debemos dar por hecho la caída de Castillo y el fin de su gobierno, pues la misma improvisación que pone evidencia su ineptitud, podría ser la que una el frágil castillismo. Al verse acorralados, los antisistema y castillistas podrían unirse y alinearse a una estrategia que pueda darles mayor posibilidad de éxito y aumentar su permanencia en el poder. Como es sabido, la única narrativa que podría calzarles perfecto y que poseen a disposición es el cambio de Constitución que impulsan Vladimir Cerrón y sus secuaces. A mi parecer, ya no se trata de una posibilidad remota, pues en las últimas semanas se está viendo cómo cada vez más personajes que ocupan altos cargos en el gobierno se alinean a la narrativa de que una nueva constitución es necesaria.

 

Cualquier posible infortunio o agravamiento de la situación política puede evitarse. Es momento de que el Legislativo tome conciencia y decida sobre el futuro del Ejecutivo haciendo valer sus facultades constitucionales e iniciando un juicio político contra Castillo por su evidente incapacidad moral. Con este último escándalo, la palabra de maestro no solo dejó de ser creíble, sino que, como dijo el excongresista Víctor García Belaunde, se convirtió en “palabra de plagiario”. Solo esperemos que el Legislativo frene los deseos de plagiar el proyecto de Venezuela en nuestro país de Castillo y de quienes lo rodean.

 

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