Vestuario de damas, por Ernesto Álvarez Miranda

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En EEUU se debate que, sin otro requisito que el declarar sentirse una mujer, un hombre pueda tener acceso libre a los baños y vestuarios, señalizados para mujeres.  Como la ideología de género predomina aún en la legislación, no es necesario que se haya operado o que haya iniciado ningún tratamiento hormonal, es suficiente su propio auto-reconocimiento. Acierta el lector cuando piensa que sus hijas podrían estar cambiándose en el vestuario de damas en el momento en que entra un hombre con los genitales expuestos. Si ellas protestan, pueden ser denunciadas por discriminación y transfobia, y sometidas a un proceso penal, además de las sanciones administrativas correspondientes al colegio, universidad o club, donde se halle el vestuario. En su afán de proteger a la persona que sufre una patología según la OMS, o disforia de género  para cuatro magistrados del TC peruano, la ley norteamericana decide dejar de proteger la libertad y el pudor de las jóvenes presentes en el baño, quienes están obligadas a permanecer en silencio, sin protestar. A eso apunta el Decreto Legislativo 1323, pues quienes se consideren afectadas o disconformes con una situación límite como la descrita, no puedan expresar su disconformidad, pues estarían cometiendo un crimen de odio, al menoscabar el derecho a la identidad sexual, discriminando a la declarada señora.

Hace pocos dias, autoridades españolas inmovilizaron un bus que recordaba, a manera de publicidad, que los niños tienen pene y las niñas vulva. Increíble obviedad que de seguro motivará sanción penal, pues la lógica natural y el sentido común también están prohibidos en el país de Rajoy, ya que la ideología de género no solo predomina, sino que se pretende monopólica y excluyente, como lo son las totalitarias. Allí empezó a expandirse con calculada timidez, invocando a la igualdad, a la tolerancia de las conductas u opciones diferentes, temas en los que todos estamos de acuerdo, pues una sociedad moderna debe establecer políticas públicas encaminadas a la protección de las minorías, a la dignidad de la persona. Pero ya se conoce el final: profesores de escuela despedidos por expresar sus discrepancias con los materiales de lectura, enfermeras procesadas por negarse a participar en abortos, funcionarios denunciados por evitar casar a personas del mismo sexo.

En nuestro país, el Currículo de Educación Básica 2017 señala que femenino y masculino son simples nociones o pensamientos, que se construyen progresivamente en función de nuestras experiencias, y en la página 30 de la primera competencia, afirma como capacidad del alumno vive su sexualidad (…) su identidad sexual y de género mediante la exploración de su cuerpo. Es evidente que están sembrando, a espaldas de los padres de familia, lo que ha de ser la nueva sociedad peruana, desprovista de los valores que los ciudadanos juzgan importantes. Por supuesto, el Estado no puede sexualizar prematuramente a los escolares, ignorando a sus familias a participar en su formación, pues violaría los artículos 13 y 14 de la Constitución, la Convención de los Derechos del Niño y el inc.4 del artículo 12 de la propia Convención Americana.

La democracia tiene como virtud, el estar diseñada para la búsqueda de consensos entre posiciones discrepantes, partiendo del reconocimiento de la existencia del ocasional adversario, de la legitimidad de su discrepancia, para escuchar y entender realmente sus argumentos y así poder negociar una fórmula que, sin que necesariamente satisfaga a todos, represente el final del debate. Curiosamente, he visto a personas cultas y habitualmente sensatas, negar cualquier posibilidad que no contenga el triunfo rotundo de la totalidad de su ideología y la rendición incondicional de lo que entienden, pensamiento conservador. Con los ojos en blanco y la frente altiva, como los fanatizados militantes marxistas de la universidad de los años 80, proclaman que sus ideas tienen como único destino vencer y dominar. Mencionan como ejemplo, el derecho de voto de la mujer. Cabría tan solo recordarles que, jamás hubo ciencia ni naturaleza donde fundamentar la supuesta dependencia política de las esposas o la pretendida desinteligencia de las solteras. Precisamente lo opuesto a permitir que un hombre decida a qué vestuario ingresa, pues la naturaleza humana  nos enseña que se nace mujer o se nace hombre, y la ciencia nos explica que, salvo situaciones extraordinarias e inusuales, el sexo viene determinado desde el momento de la concepción, por estrictas razones que la biología entiende.

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