Vivimos revolcados en un merengue, por Eduardo Herrera

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Cada día en este país aparece una historia, una noticia relacionada a un aparente hundimiento más, otro paso hacia lo que parece la perdición de una sociedad. Los escándalos parecen no acabarse y es por ello que esta pujante columna tiene temas todas las semanas. Honestamente, me gustaría no tenerlos más.

Sin entrar a tallar en características particulares, o datos, o frases que cuestionar, cada hecho que se desarrolla en nuestra realidad parece tener una indesligable consanguinidad con la corrupción.

Entonces mirando en cercanía el evento que asemeja a aquel verso del gran tango argentino que pone el título a este pequeño artículo, viene a mi memoria la frase contundente de Ayn Rand: “…cuando repares que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un sacrificio personal, entonces podrás afirmar sin temor a equivocarte que tu sociedad está condenada”. Tal cual, una cachetada.

“Vivimos revolcaos en un merengue”, vivimos, no viven ustedes (los demás). El énfasis en la redacción no es casualidad. Hay que mirarse en el espejo, aceptar la responsabilidad. Cuando inicié mi cambio de rumbo profesional me preguntaba ¿qué estoy haciendo con el don que tengo? ¿y que es para ganar necesariamente tengo que comprar una voluntad?

En eso anda hoy mi lucha. Un día una lucha. Poco a poco se llega lejos. Luego de eso vendrá el reto mayor. Comunicar y contagiar.

¿Hará falta un lavado de banderas, una marchita sin destino o desperdiciar verborrea hacia alguien señalándolo como culpable? Tengo la opinión que no. Nada está demás, nada sobra, todo tiene sentido solo si es que tiene coherencia. Para salir del merengue, hace falta solo, salir por uno mismo. Comprendo ahora que todo cambio en el mundo, parte de un cambio en mí, parafraseando a Mahatma Ghandi.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.