Vladimir Putin rechaza la ideología de género, por Federico Prieto Celi

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El gobierno peruano debe tomar nota de la actitud del presidente de Rusia, Vladimir Putin, que rechaza tajantemente la ideología de género, sin miedo ni tapujos, buscando que la sociedad rusa tenga un fundamento moral sólido y natural.

Los enemigos del líder ruso no se cansan de recordar que Vladimir Putin fue jefe del servicio de inteligencia de la Rusia Soviética y que se divorció de su esposa Ludmila, con la que estuvo casado durante 30 años y tiene dos hijas en común, aunque los últimos años ya estaban separados. Pero poco se dice de su defensa de valores tradicionales, como el matrimonio entre un hombre y una mujer. Ha declarado que mientras él gobierne no permitirá el matrimonio entre dos personas del mismo sexo porque no pueden tener hijos. Ni la adopción de niños huérfanos por un matrimonio de ese tipo, porque un hijo no puede hablar de su papá 1 y su papá 2.

Putin patrocina las familias numerosas, para luchar contra la contracción demográfica rusa, que puede provocar un problema poblacional a mediado plazo. Ha dicho que las familias deben ser numerosas, de tres hijos, la única forma de revertir la alarmante tendencia al envejecimiento de la población en Rusia. Y que otra forma de enriquecer la familia es adoptando niños huérfanos, actitud que recibe subsidios estatales generosos.

Putin ha comenzado a poner algunas trabas a los abortos, que en las décadas anteriores ha sido una plaga social, limitándolo a las primeras doce semanas de embarazo, estableciendo un período de dos a siete días, conocida como la “semana de silencio”, para que la mujer embarazada pueda reconsiderar su decisión. Se prohíbe por ley la publicidad de cualquier servicio médico abortista, porque puede dañar la formación moral de la juventud.

En la misma línea de protección del orden natural, el gobierno ruso ha prohibido la propaganda homosexual. Las marchas de orgullo gay quedan terminantemente prohibidas por ley porque puede representar un daño psicológico y moral para los menores de edad.

Desde hace años, busca fortalecer la cultura rusa mediante valores tradicionales conservados por la Iglesia Ortodoxa rusa, a la que ha devuelto los inmuebles -iglesias y conventos- expropiados por la Rusia Soviética. Ha contado que fue bautizado a escondidas de su padre comunista en 1952, un año antes de la muerte de Stalin, Defiende en especial la concepción tradicional de la familia, y se opone a la «tolerancia estéril» practicada en numerosos países, «que no hace diferencia entre sexos».

Ha dicho que «cada vez más gente en el mundo apoya nuestra postura, que es la defensa de los valores tradicionales, que constituyen desde hace milenios los fundamentos morales y espirituales de la civilización de cada pueblo». No podemos poner al mismo nivel el bien y el mal, ha dicho criticando la tolerancia moral relajada de Occidente.

Piensa que Rusia debe asentar en la sociedad una cultura moral fuerte, que sea una base de la manera de pensar y de actuar de los rusos, dejando de imitar la decadente sociedad occidental, que está cada vez más desprestigiada. Los observadores apuntan que estas declaraciones tienen también un sentido electoral. En Rusia hay más de 31 millones de jóvenes, de los que el 83 % tiene derecho de voto, aunque son pocos los que suelen acudir a las urnas, lo contrario que ocurre con los casi 40 millones de pensionistas, mucho más activos a la hora de votar.

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