‘We don’t need no education’, por Gonzalo Ramírez de la Torre

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Todos han escuchado la parte dos de ‘Another Brick in the Wall’. Sin duda una de las tantísimas obras maestras de Pink Floyd. La canción pretende ser una especie de himno contra el sistema educativo, contra el adoctrinamiento y contra un mecanismo que, como sugiere el video de dicho tema, pretende mutilar la individualidad del estudiante. “No necesitamos educación”, es el mensaje que pretende impartir la canción, sin embargo, en un histórico error gramatical y en el colmo de las ironías, la letra dice “we don’t need no education”, así, usando una doble negación (‘don’t’ y ‘no’), la voz lírica termina diciendo lo contrario a lo que pretende comunicar. El estribillo, finalmente, dice que sí necesitamos educación. El tono rebelde de una canción que se rebela contra la educación termina siendo, por sí mismo, un duro testimonio de la importancia de la misma.

En el transcurso de toda la polémica impostada por la oposición alrededor del ministro Jaime Saavedra, no he podido sacarme esta canción de la cabeza. Escuchando las exposiciones de los principales representantes del fujimorismo, bancada que lidera la iniciativa de censura, no podía evitar notar que, como la canción, se empeñan en criticar y demoler la reforma educativa y, al mismo tiempo, por lo precario de muchas de sus aseveraciones, terminan siendo un testimonio vivo de la importancia de la misma.

Basta con escuchar al inefable Bienvenido Ramirez, que en un discurso ausente de articulación se lanzó a asegurar que la prueba PISA (administrada por la OCDE) estaba comprada y que era una cortina de humo. Luego nos enteraríamos que parte del contenido de esta misma intervención la habría plagiado de un académico español. Así, la indignación manifestada por el señor Ramirez contra la gestión de Saavedra termina pareciendo, por cómo la hizo, un grito de auxilio que pide que la reforma siga.

Por su parte, Luis Galarreta también arremetió contra la prueba PISA, llamándola psicosocial (quizá equiparándola con las vírgenes que lloraban en la época de Fujimori). En esta circunstancia hay dos opciones, o tanto Ramirez como Galarreta son terriblemente ignorantes y piensan que la prueba PISA, reconocida por toda la comunidad internacional, es, en efecto, una maquinación del gobierno o están voluntariamente buscando aprovechar políticamente el posible desconocimiento de la población al respecto. Así, si se trata de lo último, se manifiesta, una vez más, la importancia del fortalecimiento de la educación para que la ciudadanía no sea víctima de quienes buscan aprovecharse de su ignorancia.

Es evidente que la verdadera motivación detrás de la inminente censura a Jaime Saavedra es la intención de Fuerza Popular de mostrar su musculatura al Ejecutivo y, al mismo tiempo, empezar lo que seguramente será una seguidilla de acciones de revancha luego de la derrota electoral. Naturalmente estas son razones débiles para tumbarse a un ministro que ha demostrado trabajar con responsabilidad y con legítimo interés por mejorar el sistema educativo nacional. Al mismo tiempo, dada la forma cómo se han desarrollado los eventos, parece que mucho de lo que motiva las ganas de derribar a Saavedra es que su reforma educativa pisó los cayos de muchos interesados en la perpetuación del sistema anterior.

Por mi parte, aunque admito estar, por motivos ideológicos, en desacuerdo con muchas de las políticas implementadas por el ministro Saavedra, creo que él es el primero que verdaderamente ha procurado llevar a cabo una reforma en aras de mejorar la educación. Ha hecho de la educación una política de Estado y ya se han notado, aunque frugales, ciertos resultados. La censura sería, sin duda, una interrupción innecesaria para algo tan importante.

Así las cosas, queda claro que sí necesitamos educación e incluso el discurso de quienes hoy pretenden truncarla deja clarísimo esta necesidad. Es fundamental que los niños sigan mejorando en matemáticas, lenguaje e historia y, al mismo tiempo, es importante que reciban formación sesuda y científica sobre sexualidad. Es imperativo que las universidades sean de buena calidad y que los títulos expedidos a nombre del Estado recaigan en profesionales que puedan hacer la diferencia en el mercado laboral. Saavedra tiene que quedarse, como símbolo de una reforma harto necesaria, no puede irse.