Y mataron mis amores el silencio que les distes…, por Federico Prieto Celi

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El legendario cantante y actor mexicano Pedro Infante hizo famosa la canción Eufemia, en la que hablaba con un castellano ramplón del populacho, que precisamente por eso llegó al corazón de nuestras abuelas. Se quejaba en ella: No me escrebetes/ y mis cartas anteriores no se si las recivites/ tú me olvidates/ y mataron mis amores/ el silencio que les distes…

No solamente la oposición declarada sino la sociedad en sus organismos más representativos como la Confiep y otras instituciones empresariales, como distintas agrupaciones de los médicos peruanos, han declarado, más allá de esporádicas presentaciones públicas junto al presidente Martín Vizcarra y al ministro de Salud Víctor Zamora, que el gobierno acapara poder y hace oídos sordos de las recomendaciones sugeridas por ellos.

El sentido común nos hace pensar que ambas cosas -el poder acumulado y el desprecio a los consejos- nos están llevando a ser el país que peor maneja la lucha contra la pandemia, como vamos viendo estos últimos meses en las noticias y comentarios de los mejores diarios del mundo y los noticieros internacionales que informan desde y sobre los cinco continentes.

Parecería que los diarios Expreso y La Razón, y los programas televisivos de Phillip Butters, Milagros Leiva y de Rey con Barba le cantan cada semana esas coplas mexicanas, añadiendo otro verso de la misma canción: A ver si a esta si le das contestación… para concluir, al no recibir respuesta: Y que conste en esta carta/ que acabamos de un jalón.

No es suficiente invocar a la unión de todos los peruanos, es necesario que quién esté a la cabeza del poder político, aunque sea mediante una presidencia fáctica, sea capaz de realizar esa unión, mediante medidas inteligentes, para que a la potestad coactiva, sume la autoridad moral, lo que realmente no está sucediendo ahora, que su “popularidad” en solitario ha bajado 17 puntos.

Dejo claro el contraste: mientras la mediocre burocracia estatal fracasa y delincuentes se aprovechan para enriquecerse, al abusar y explotar el dolor humano, la mayor parte de los peruanos: médicos y enfermeras, autoridades eclesiásticas, comerciantes honrados como el que fabrica balones de oxígeno y los vende al precio normal y los hermanos que han cambiado de giro para trasladar cadáveres de casas y hospitales a los crematorios y cementerios, policías y soldados, y tantos otros que hacen lo mismo y no lo sabemos, están dando una lección de generosidad, sacrificio y solidaridad, que debe constar en la historia de esta pandemia de COVID-19 en el Perú; y debe ser también difundida en el mundo.

Sí, señor presidente Vizcarra; sí, ministro Zamora, siempre con Pedro Infante terminaré, dejando sentado que busco la unidad en la verdad y en la eficacia, para volver pronto a la libertad, y a la salud de todos los peruanos, que es lo que está faltando: Del amor pa’ qué te escribo/ y aquí queda como amigo/ tu afectísimo y atento y muy seguro servidor.

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