‘Yo, candidato’, por Gonzalo Ramírez de la Torre

928

Una pequeña e inocente Keiko Fujimori alza con empeño y ahínco un castillo de arena a orillas del océano Pacífico. Curtida por la experiencia, ha construido una sólida muralla frente a este, para  contrarrestar el embate de las olas. La niña, sin embargo, no contaba con que vendría su hermano, el pequeño Kenji, para pretender ayudarla en el proceso de construcción. Poco tiempo pasaría y en protesta por la atención acaparada por su hermana mayor, con una buena patada, Kenji trataría de traer abajo la estructura de sablón. Keiko, suspira y recuerda que, Kenjicito es así.

Más o menos así parece ser la historia entre Keiko Fujimori y su hermano. Desde su derrota en la segunda vuelta contra Ollanta Humala, la candidata se ha esforzado por someter al fujimorismo que representa a un intenso proceso de maquillaje, para diferenciarlo del régimen de los noventa, caracterizado por el autoritarismo y la corrupción. Pero, más allá de eso, Keiko ha buscado que Fuerza Popular sea visto como un partido político, del cual ella es la lideresa. No obstante, en los últimos días, el ‘friendly fire’ ha sido lo que más ha hecho peligrar los cimientos establecidos por la candidata, siendo el último caso el de su hermano, quien no dudó en desautorizarla públicamente.

Y es que los comentarios hechos por Kenji Fujimori el día de ayer, en respuesta a lo que dijo su hermana en una entrevista, fueron, para los propósitos electorales del fujimorismo, un acto de absoluta inmadurez y, sobre todo, impertinencia. Y más de un gruñido de irritación debe haber salido de Keiko al ver cómo su hermano, desesperado por darse protagonismo, amenaza con dinamitar todo lo trabajado.

Según Keiko, nadie con el apellido Fujimori postulará a las elecciones en el 2021. Según Kenji, la decisión es suya y “sólo en el supuesto negado que Keiko no gane la presidencia yo postularé en el 2021” (sic). Sin duda pasar del rotundo “nadie” de la lideresa del partido al “yo” de su hermano da a entender que poca o ninguna decisión tiene esta sobre el manejo de su agrupación. Pero el asunto se torna peor cuando se lee el twit donde el congresista dice que “la alternancia tendrá que darse también por casa”, como si el partido fuera de dominio familiar y él el heredero natural de la aspiración presidencial y no alguien escogido en un proceso interno.

Es un tanto preocupante, por decirlo menos, que alguien con semejante falta de iluminación política haya alcanzado ser el congresista más votado. Si algo demuestra este incidente es que Kenji Fujimori no tiene la madurez política para cumplir los deseos presidenciales que demuestra tener.

Si Fujimori pretende concretar la hazaña de hacerse de la presidencia, a pesar de la sombra nefasta de su padre y todo lo que ella implica, tendrá que lidiar con los cabos sueltos que la rodean. Evitar comentarios sobre “puertas grandes”, sugerencias de mayorías impositivas y, con esto, prospectos de una dinastía electoral.

Kenji Fujimori, por su parte, tendrá que, con mucha madurez, entender que ciertos comentarios pueden restarle simpatías al proyecto del que forma parte. En vez de derrumbar el castillo que tanto ha costado construir, debería esperar silenciosamente a tener la arena suficiente para construir el propio.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.