Yo te defenderé también, por Jessy Gonzáles

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Yo te defenderé también. A veces eso es suficiente para romper el silencio. Y no solo romper el silencio, sino gritar muy fuerte y claro. Cuando alguien nos ofende, cuando alguien se aprovecha de que “no tenemos tanta fuerza”, cuando alguien toma ventaja sobre tu timidez y tu vergüenza. Pero que sepan todos que no nos callaremos más, sino que gritaremos y gritaremos muy fuerte. Y ojalá que al lado de una chica, niña o mujer que se sienta ofendida por una palabra, una mano o un “roce casual”, hayan otras personas defendiéndola.

Se trata de un pacto, entre nosotras y entre todos. Nos hemos callado mucho tiempo, porque efectivamente, ese que me ofende, quizás, es más fuerte que yo. Pero si no me siento sola, ten por seguro que gritaré y me defenderé.

Sin duda, todo este movimiento ha evidenciado que se requiere cambios radicales en diferentes ámbitos. Un poder judicial que responda de manera más eficiente. Un proceso policial y judicial que no re-victimice a quienes ya han pasado por tanto maltrato. ¿Qué necesitamos? Creo que el problema requiere un trato especial en la policía, en el poder judicial e incluso una reforma en las penas que se imponen. Pienso por ejemplo, en un grupo especializado de la PNP, entrenado y capacitado específicamente en este tipo de denuncias. O quizás jueces que solo se dediquen a procesos de violencia sexual. O de repente, centrales de atención para este tipo de denuncias, donde podamos encontrar toda la asesoría psicológica, médica y legal que necesitamos en un solo lugar, con profesionales especialmente capacitados para manejar estos casos. Crear protocolos de atención para denuncias por acoso y violencia sexual, y quizás también penas diferentes a la privación de la libertad para incrementar las denuncias.

Pero mientras estas políticas se investigan, se implementan y se convierten en verdaderas reformas no podemos quedarnos callados, ¿no? Y aunque la marcha del 13 de agosto es un gran paso y está sirviendo desde ya para romper el silencio; hay una actitud que es necesaria tener frente a todo tipo de violencia contra la mujer y es necesario tenerla día a día.

Quiero confiar que te tendré a mi lado. Que sin conocerme, me protegerás cuando en el micro, evidencie al que se masturba o al que se “pega mucho porque no hay espacio”. Que sin saber quién soy, apuntarás la placa del taxista del que trato de huir. Quiero creer que si levanto la voz, no estaré sola en contra del imbécil que cree que porque la calle es pública, mis piernas en minifalda también lo son. Dime por favor, que cogerás tu celular y grabarás las pruebas que fortalecerán mi denuncia, aunque yo no esté convencida de hacerla. Quiero pedirte que no me dejes sola, que te comprometas ahora a pararte a mi lado, para que quien sea que se haya atrevido a ofenderme, se sienta tan expuesto y avergonzado, que no vuelva a intentar sobrepasarse, ni conmigo, ni contigo, ni con nadie.
Somos muchas las que hemos sufrido diferentes formas de violencia y por eso, porque lo hemos experimentado en carne propia es que debemos encontrar la valentía de que no le vuelva a ocurrir a nadie. No estarás sola en el momento en el que decidas alzar la voz. Grita. No tengas miedo de defenderte; yo te defenderé también. Yo te creo. Yo estoy contigo. Y espero no estar sola tampoco cuando yo decida hacerlo. ¿Será posible en el Perú?

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